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Diario Expreso Ecuador

 

Recuerdos del ayer, lección del presente

¿Aprenderemos algún día?

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Al parecer con la ancianidad he entrado en la contienda, malestar o pesadilla del permanente debate entre el ser y no ser. Aparecen recuerdos que no han dejado aprendizajes… y eso es triste. I.- El tiempo da lecciones y muchas veces no se aprende…, decían los mayores, mientras los más jóvenes reíamos. II.- La evocación. Varias semanas atrás habíamos partido -casi al clarear del día-, desde las calles adyacentes al parque de la Victoria, justo frente a la iglesia Virgen del Carmen. Alrededor de la plaza se parqueaban infinidad de vehículos tipo ‘chivas’, que ya habían retirado desde sus domicilios a la mayoría de viajeros y chirimbolos que llevarían: desde ollas hasta bacinillas, desde perros y pájaros hasta mil chucherías. Los ayudantes vociferaban que había espacio suficiente para mayor cantidad de viandantes con solo apretarse un poco y sentar en las faldas a los menores. Al fin partió la Costeñita, entre conversaciones, risas y olores flatulentos escapados del conductor, quien empezó a contar ‘cachos’; así disimulaba y aliviaba los desperfectos de la desvencijada camioneta. Un susto fue provocado por un pequeño accidente al subir el empinado cerro La Mona. Una de las sogas con que se aseguraban maletas, sacos y hatillos cedió. La carga rodó hacia adelante cayendo hacia un bache en el tramo de la carretera, aplastándola. Pocos atinaban a recoger los desechos apabullados, ahora un amasijo de víveres, lozas, vidrios, zapatos; un basural parecido a los desechos de construcción con que se rellenaban solares de la ciudad porteña. Al fin se llegó a Libertad. Casi nada de eso existe… Eran las vacaciones de 1954. Solo recuerdos que en algún momento se irán conmigo. Ill.- Hoy en la vejez imagino estar frente al amasijo de residuos que dejó el pequeño accidente, similar a lo que se observa de la política nacional, lastimosamente mal estibada, amarrada con cuerdas de ambición, avaricia y desatino personales, con engaños de mejoras para los viajeros de la nave llamada Ecuador, que no saben cuál es su destino por estar conducida por lenguaraces y oportunistas. ¿Aprenderemos algún día?

Ricardo López González

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