Que los políticos sufran una metamorfosis, en beneficio de sus electores
¡Hay males que no se puede curar con dinero, solo con amor!
Se acercan las elecciones de febrero para ocupar diferentes dignidades en el país de Manuelito. Aparecen ciertos candidatos con su cara bien lavada ante los votantes, como diciendo una frase trillada: “Aquí estoy porque he venido”. A mí no me parece, que sean tan sinvergüenzas a sabiendas de que nos han fallado como electores y representantes ante su pueblo, que es víctima de engaños, con promesas ilusas y fatuas, con esa verborrea y léxico abolido que se usó en décadas de oro para extirpar los dineros públicos, y plasmando antecedentes vergonzosos ante una sociedad ciega, con una memoria repudiable y con brazos cruzados ante el tiempo perdido y a que no hayan cumplido sus ofertas de campaña. El proselitismo político tiene dos caras: la careta que esconde la verdad, y sus bajos instintos inicuos, con esa mentalidad de arrasar con todo, con daño colateral para un sector hambriento de obras y con necesidades básicas, que confió en sus falsas promesas. Todo ser humano necesita de sus ídolos y la cara bien lavada. Las mafias políticas están plenamente identificadas por su mala labor y con su reputación por los suelos. El espejo será sus votantes, y su mal accionar será el incumplimiento de promesas, su conciencia, su almohada; su vida política: fracaso, a menos que haya metamorfosis a personas idóneas ante su pueblo. ¡Hay males que no se puede curar con dinero, solo con amor!
Javier Valarezo Serrano