El olor a guerra
El Nobel de Literatura que ganó en 2015 es uno de los más importantes, de los más justos en mi opinión
El olor a guerra existe, me refiero metafóricamente. Se produjo durante las guerras que han azotado al mundo a lo largo de la historia. El siglo XX fue infestado por ella; I Guerra mundial, II Guerra Mundial y Guerra de Vietnam casi a la par que la Guerra Fría. Existe diversidad de ejemplos de dicho “olor a guerra”. Chernóbil es uno de tantos. Svetlana Aleksiévich, periodista y escritora bielorrusa, se encargó de amplificar cuantiosas voces en su libro Voces de Chernóbil. Una manera polifónica de mostrarle al mundo entero una realidad, de contenido y forma potente. Aleksiévich entrevistó a todas esas voces que necesitaban fuerza para trascender, adaptó cada testimonio a las formas factibles, cada testimonio escrito arquitectónicamente para las formas literarias, pero conteniendo la esencia de cada vivencia. En esas voces un rasgo se repite: la complejidad de ver a Chernóbil como catástrofe nuclear y no como una guerra. Ese olor que se percibe y que ha contaminado los entornos es la guerra. Ante ese ambiente lleno de polución radiactiva, en el que las voces son cuantiosas al igual que débiles, aparece Aleksiévich. A ella el entorno le es muy cercano, es bielorrusa, una escritora preocupada por amplificar voces. Ha escrito más libros con la misma fórmula y con otras tragedias históricas, como la II Guerra Mundial y Afganistán. El Nobel de Literatura que ganó en 2015 es uno de los más importantes, de los más justos en mi opinión, pero extrañamente uno de los más cuestionados al tratarse de una periodista.
Piero Andrés Rendón Chávez