Nuevo Guayaquil: violencia, extorsión y el pago de vacunas en la ciudad
Ha habido medidas del Gobierno para erradicar a los timadores de vacunas, pero no ha sido suficiente. Es necesario que contribuyamos a eliminar el problema

Un tendero local entrega dinero en efectivo a un joven enmascarado en una calle.
Ayer escuchaba a dos jóvenes conversando. Uno le contaba al otro que ya se había cambiado de casa; pongámosles nombres ficticios. “Bryan” había conseguido alquilar un departamento de dos cuartos a $ 120 al mes. “Está bacán, ¿y cuánto es la vacuna?”, le preguntó “Jostin”.
Bryan respondió: “Aquí solo tres dólares por semana; en la otra casa pagaba 100 de alquiler, pero eran 5 de vacuna, o sea, me sale igual”. Jostin, que manejaba bien las matemáticas, le dijo: “No pues, la anterior te salía en 120 con vacuna y la nueva en 132 al mes”.
Bryan contestó: “Bueno, pero acá es más tranquilo; nadie se mete con los manes, puedes caminar tranquilo hasta la loma. De ahí para allá, ya es otro grupo, pero yo nunca paso”. Jostin respondió: “Claro, ni gil que fueras…”. Ese es el Nuevo Guayaquil. En las periferias, algunas ciudadelas de clase media y muchos locales comerciales -tiendas, ferreterías, bazares, comedores y carretas de salchipapas- son vacunados. Ya vemos en los noticieros lo que pasa con quienes no pagan la famosa vacuna.
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El fenómeno va más allá de Guayaquil
Esto no solo ocurre en Guayaquil: lleva años funcionando, aunque antes se conocía de otra manera. Contratistas del Estado y privados pagan para entrar y a veces deben entregar un porcentaje de cada factura. También pasa cuando alguien entra a una empresa: el ‘amigo acomedido’ cobra por el ‘enganche’ y algunos ‘enganchadores’ exigen pagos mensuales, incluso de décimos y utilidades. No toda vacuna se paga en efectivo. El delito también cobra en especies: si vende encebollado, tarrinas semanales; si tiene un depósito de cervezas, jabas. Y en casos más graves, algunos exigen ‘encuentros íntimos’ a cambio de favores laborales. Muchos conocen estas historias.
Ha habido medidas del Gobierno para erradicar a los timadores de vacunas, pero no ha sido suficiente. Es necesario que todos contribuyamos a eliminar este problema. Lo lamentable es que muchos ‘vacunadores’ también son víctimas en otros espacios. ¿Será necesaria una cuarentena para esta epidemia? ¿O habrá que llamar a Eliot Ness, La Liga de la Justicia o los Cazafantasmas para ayudar al Gobierno?
Leonardo J. Tapia Blacio