Mi madre, una guerrera: homenaje a quienes nos cuidan y nos enseñan a vivir
Hay quienes valoran lo que hace una madre, pero también hay hijos malagradecidos, que no saben honrarla,y cuando ya no está, quieren decirle gracias

Las madres asumen el reto de criar a sus hijos a pesar de las dificultades.
Mi madre es una guerrera; cada mañana se levanta para prepararme el desayuno, y durante el día está luchando por mí. Vende limonada para darme de comer, y en la noche cuando tengo frío, avaricia mi cabello y me da un abrazo.
Mi madre es una guerrera; está al pie de la cama, ha pasado toda la noche en vigilia, poniendo trapos húmedos para bajarme la fiebre. No se rinde ni un instante, quiere verme bien, quiere que esté sano; es capaz de dar su vida por mí.
Mi madre es una guerrera, no me dio a luz, pero, asumió el riesgo de criarme. Está en el almacén fiando un par de zapatos, deja de comer un pan para darme, sus manos están callosas de tanto trabajar, se contenta conmigo cuando le digo mamá.
Recordando los momentos juntos
Mi madre es una guerrera; vienen a mi memoria aquellos días que pasamos juntos, cuando estábamos frente al fogón, asando un choclo o friendo un huevo. No puedo olvidarte porque eres mi guardaespaldas. Dios te envío a este mundo para cuidarme y guiarme.
¿Cómo le das las gracias a tu madre? ¿Qué has hecho por tu mamá? ¿Le has dado en vida tus flores? Hay quienes valoran lo que hace una madre, pero también hay hijos malagradecidos, que no saben honrarla, y cuando ya no está, quieren decirle gracias, y es demasiado tarde.
Agustín Romero