Día del Niño: la importancia de conservar la humildad y la sabiduría al crecer
En el Día del Niño, una reflexión sobre la inocencia, la madurez emocional y los valores que deben acompañar a las personas durante toda la vida

La infancia y la adultez convergen en una misma mirada: los valores aprendidos de niño acompañan a las personas a lo largo de toda su vida.
En la viña del Señor existe de todo, desde un buen niño, hasta niños malcriados que en la adultez encuentran maestros que los ubican en su asiento. Hay adultos con mentalidad de niños, con inmadurez emocional o con el síndrome de Peter Pan, ocultando su baja autoestima y rebeldía, que luego quieren imponer en la sociedad o en alguna función pública, causando escarnio público. Un verdadero niño disfruta su infancia con risas, juegos y magia; hay otros niños que son tan inocentes que llevan un payaso triste en el alma, con mucho rencor, y prefieren escuchar música junto a soledad.
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Una celebración para el niño feliz
Hoy celebramos el Día del Niño animado, no al chúcaro, ni rebelde; ese niño Carlitos obediente y que es feliz en su cumpleaños del 1 de junio. Un niño adulto debe tener tres cosas en la vida: humildad para no sentirse superior a nadie, coraje para afrontar un mal comportamiento, y sabiduría espiritual de saber callar ante la estupidez de otras personas. ¡Feliz día, mi niño; compórtate.
Javier Valarezo Serrano