Los desastres naturales en nuestro país
Nuestro país requiere aprender de los aciertos mundiales en mitigación de desastres naturales
Nuestro país está sometido periódicamente a eventos tales como deslizamientos, sismos y a periodos de lluvia caracterizados por grandes precipitaciones; no es novedad darnos cuenta de que somos muy frágiles frente a los desastres naturales y observamos impávidos una serie de situaciones adversas en contra de la población que son de dominio público. Si esto ocurre al momento con un periodo invernal, que en efecto ha tenido intensidades de lluvia muy grandes, es fácil suponer lo que nos pasaría si se cumplen los vaticinios sobre la presencia del fenómeno de El Niño durante el segundo semestre del presente año. Frente al probable evento natural, las autoridades nacionales, regionales y seccionales están estructurando un plan de contingencia. Es evidente que frente a los desastres naturales no solo se requieren actividades rápidas durante y posemergencia, sino también de actividades de prevención lideradas por la Secretaría de Gestión de Riesgos, que por ahora no es más que un ente burocrático, sin relevancia y lleno de normas y regulaciones que reposan en un escritorio; por lo tanto carecen de la necesaria socialización y menos de la implementación de controles en territorio, cuya ineficacia alcanza a la población en su conjunto, que en términos concretos no sabe cómo reaccionar en desastres, peor adoptar mecanismos elementales de prevención en su hábitat. Dado que los desastres naturales actúan sobre los procesos geomorfológicos durante el evento catastrófico, se hace necesario, sobre una base científica y naturalista, organizar una política racional de manejo de territorio y actuar con conciencia frente a los fenómenos naturales. Se espera que los administradores de turno implementen un plan de contingencia que reconozca, en el ámbito de una vulnerabilidad física, social y cultural del territorio, la necesidad de contar con capacidad instalada que permita acometer adecuadamente los desastres naturales durante y después de que ocurran, sin olvidar las tareas de prevención, que constituyen la parte fundamental de un esquema de planificación de eventos de esta naturaleza. Nuestro país requiere aprender de los aciertos mundiales en mitigación de desastres naturales y reformular su misión y visión en relación con su manejo, frente a lo cual los administradores de turno tienen la enorme responsabilidad de cambiar la historia y reformular sus planes en beneficio de la sociedad que los elige y que sufre las consecuencias de su inactividad.
Jacinto Rivero Solórzano