Cartas de lectores | Irrespetados todos
Se atropella toda norma, sea administrativa, judicial o constitucional, como en el caso del alcalde de Guayaquil
Primeramente, manifiesto mi reconocimiento por el espacio y el tiempo concedidos a mis opiniones por EXPRESO, medio independiente que no se amilana al momento de publicar lo que consideran de interés público.
Para contextualizar mi opinión, empiezo citando a Albert Camus (argelino), quien en una de sus reflexiones, perfectamente aplicable al “nuevo Ecuador”, dice: “La intolerancia, la estupidez y el fanatismo se pueden combatir por separado, pero cuando se juntan, no hay esperanza”.
Es profundamente indignante el escenario en el que nos obliga a vivir un extranjero que asalta el poder de forma impúdica, sin cumplir el requisito básico de “ser ecuatoriano por nacimiento” (art. 142 Constitucional). Una vez entronizado como dictador, con las instituciones del Estado cooptadas mediante corruptelas, excepción hecha con la Corte Constitucional, órgano de máxima jerarquía jurisdiccional, atacado impunemente por el Ejecutivo de facto, presenciamos lo inédito en la historia republicana: el primer centro de tortura neonazi (cárcel del Encuentro), con mazmorras diminutas, sin acceso a luz, incomunicados y rapados al estilo bestial.
Se atropella toda norma, sea administrativa, judicial o constitucional, como en el caso del alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez, que ha conmocionado a la colectividad por la forma alevosa en que se le despoja de sus derechos básicos, con el único fin de dejar claro con quién se meten. Véanse los artículos 66, 76 y 77 de la Constitución, que garantizan el honor, la presunción de inocencia y el debido proceso. Técnicamente y por dignidad, una persona privada de libertad no debería ser rapada por constituir una vulneración a sus derechos.
Según el principio de acción–reacción, pronto estaremos frente a eventos no deseados pero provocados por tanta ofensa y por el retroceso que implica un régimen ilegítimo.
Aclaración necesaria: los hechos relacionados con el irrespeto a las normas de convivencia nos incumben a todos; se menciona el caso de Aquiles Álvarez por tratarse de un hecho aberrante que amenaza a cualquier ciudadano indignado con justa causa.
Salomón Poveda Llerena