El que se detiene, pierde
El aumento de motos y la falta de control exponen fallas en el tránsito vehicular de Ecuador y debilitan la seguridad vial.

Motociclistas circulan sin respetar normas mientras conductores formales enfrentan sanciones y procesos legales.
Manejar en Ecuador dejó de ser un acto de movilidad para convertirse en una penitencia diaria bajo el reinado de un enjambre de motos que decidió que las leyes de tránsito son simple decoración. Pero el problema no es solo el motorizado que usa la vereda como autopista. El verdadero tumor se incuba en la ANT, un organismo tan desprestigiado que parece existir únicamente para certificar que la calle es tierra de nadie. Mientras al ciudadano honesto lo asfixian con multas, sus autoridades administran el caos desde la comodidad de sus escritorios.
Motociclistas incumplen normas ante débil control estatal
Hoy el ronroneo de una moto a nuestras espaldas ya no significa imprudencia: significa preocupación. Aparecen por la derecha, se cruzan por la izquierda y brotan de todos lados como mosquitos en pantano. Si por desgracia un conductor llega a tocar a uno, comienza un calvario de trámites y problemas, aun cuando el motociclista sea el responsable o incluso huya. La moto se ha graduado como vehículo ideal del ‘ataca y huye’, mientras las autoridades observan los hechos por cámaras pero rara vez actúan donde realmente ocurren: en las calles. Entretanto, el agente de tránsito parece más ocupado en sancionar al conductor formal que en controlar a quienes circulan sin placas o incumplen toda norma.
Ley de tránsito desactualizada agrava la inseguridad vial
La raíz de esta anarquía es la inacción de la Asamblea Nacional y la ANT, que no han modernizado una Ley de Tránsito que parece redactada a la luz de una vela. Lo viví de cerca: un conocido, con el auto completamente detenido, fue embestido por una moto. Aunque el motociclista reconocía su culpa, el conductor terminó detenido, contrató abogado y vio su vehículo enviado al canchón, sumando gastos y trámites absurdos. Esa es la realidad del tránsito ecuatoriano: quien cumple paga; quien infringe, muchas veces se marcha sin consecuencias.
Mientras la Asamblea y la ANT sigan sin corregir normas que castigan a la víctima y favorecen al irresponsable, nada cambiará. En esta tierra donde la ley parece opcional y la vereda funciona como pista de rally, el ciudadano que respeta las reglas sigue siendo quien más riesgos corre.
Pablo Chiriboga Núñez