24 de Mayo de 1822
La historia evoca que la patria que nos legaron nuestros mayores se asienta sobre la libertad ganada con fe, sacrificio, optimismo, coraje y renunciamiento
El 24 de mayo de 1822 se produce el encuentro de titanes a 3.600 m de altura, en Cruz Loma, laderas del Pichincha. Se inicia el chocar de sables y bayonetas, estampidos de fusiles y rugir de cañones y entre la humareda surgen soldados que avanzan y retroceden al redoble de tambores y toques de dianas. Voces de mando, amenazas y gritos de dolor. El feroz enfrentamiento de casi tres horas, con demostraciones de heroísmo de ambos bandos, se constituye en obra maestra del arte bélico, hasta que una carga fulminante obliga al enemigo a emprender la retirada, dejando muerte, desolación y agonía. Cediendo laureles de la victoria patriota, el pueblo quiteño alborozado expresa con lágrimas la emoción en medio de gritos de: ¡Viva la libertad! De heroica sangre se cubrió el suelo. Será eterno el recuerdo de valientes paladines de la libertad: Sucre, Calderón, Córdova, Santa Cruz y Lavayen y tantos más que representan el valor espartano del soldado ecuatoriano y de cientos de valientes que escribieron en nuestras tierras la más hermosa de las epopeyas, y se animaron a continuar la ardorosa contienda. La historia evoca que la patria que nos legaron nuestros mayores se asienta sobre la libertad ganada con fe, sacrificio, optimismo, coraje y renunciamiento, y se constituye en un reto a todos los sectores: reivindicar los años perdidos y asumir la auténtica responsabilidad de forjar nuestro porvenir en democracia, que es la forma en que esa libertad, conquistada en Pichincha, fraguó en instituciones republicanas que el pueblo eligió para vivir, y a cuyo perfeccionamiento todos debemos aportar decididamente.
Lic. Iván Vaca Pozo