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Diario Expreso Ecuador

CRISIS EDUCATIVA

Escuelas sin paredes en Afganistán: Miles de niños estudian a la intemperie total

El régimen talibán reconoce la falta de infraestructura educativa en áreas remotas mientras la pobreza y el clima extremo golpean a los alumnos

Una clase en el distrito de Achin district, en Afganistán.

Una clase en el distrito de Achin district, en Afganistán.EFE

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Lo que debes saber

  • Infraestructura rota: Unicef calcula que el 50% de las escuelas públicas afganas no tienen edificios utilizables.
  • Rezago nacional: La tasa de alfabetización en Afganistán se encuentra estancada en torno al 37%.
  • Analfabetismo alarmante: Más del 90% de niños afganos de 10 años no pueden leer ni comprender un texto básico.

En muchas provincias remotas de Afganistán, miles de niños y niñas que todavía pueden ir al colegio lo hacen sin un edificio al que acudir: estudian a la intemperie, sin aulas, sin pupitres y, a veces, sin libros de texto.

Bajo el calor extremo del verano afgano y las gélidas condiciones del invierno, quienes logran acceder a la educación bajo el régimen talibán asisten a clase sin paredes, una carencia que agrava una crisis educativa ya marcada por la pobreza, la falta de fondos y las restricciones impuestas desde la toma de Kabul en 2021.

Las consecuencias de estudiar en la intemperie

  • Enfermedades recurrentes: Los menores sufren de constantes problemas de salud debido a la exposición directa al polvo y a los cambios térmicos.
  • Dolores físicos crónicos: Los alumnos reportan dolores continuos en las piernas por la falta de pupitres, debiendo sentarse en el suelo.
  • Deserciones encubiertas: Las largas distancias combinadas con la falta de refugios seguros desmotivan la asistencia diaria.

Tras el regreso de los talibanes al poder, Afganistán se ha hundido en una crisis financiera agravada por el bloqueo de fondos internacionales y la congelación de sus reservas exteriores, mientras el sistema educativo arrastra décadas de guerra, pobreza y abandono.

"A pesar de los esfuerzos, seguimos necesitando edificios educativos en varias provincias, distritos y zonas remotas del país. El Ministerio de Educación ha intentado resolver estos problemas de manera gradual", declaró a EFE Zabihullah Himat, portavoz del Ministerio de Educación del régimen talibán.

Escuelas sin paredes

Para muchas familias de los distritos rurales de Afganistán, la falta de escuelas no es una estadística ni un problema administrativo, sino parte de la vida diaria de sus hijos.

Uno de los ejemplos más visibles está en Herat, una provincia vulnerable y sísmicamente activa del oeste del país, donde profesores y residentes locales afirman que muchos menores siguen sin aulas tras los terremotos que destruyeron aldeas y edificios escolares.

"Aunque el Ministerio de Educación ha proporcionado tiendas de campaña y algunos materiales de refugio temporal para ciertas escuelas, miles de niños siguen estudiando en espacios abiertos porque sus escuelas no tienen edificios", explicó a EFE Bashir Zubair Sadat, director de educación del distrito.

Las causas del colapso educativo afgano

  • Congelación de fondos: El retorno talibán provocó el bloqueo de las reservas exteriores y la suspensión de ayuda financiera internacional.
  • Efectos de desastres naturales: Regiones vulnerables como Herat perdieron comunidades enteras y escuelas tras terremotos destructivos.
  • Material didáctico obsoleto: Las pocas herramientas disponibles en los distritos son textos viejos que no tienen portadas y pierden páginas.

En las aldeas dispersas de Shindand, las aulas son a menudo campos polvorientos o tiendas de campaña temporales. Padres y líderes locales aseguran que esas condiciones ya afectan a la salud de los menores.

"Nuestros hijos viajan largas distancias para ir a la escuela y estudian tanto en climas cálidos como fríos sin edificios escolares adecuados", señaló a EFE un líder local de la zona, Mohammad Tahir Popalzai. "Muchos niños se enferman con frecuencia o se quejan de dolor en las piernas”

Estudiar bajo el sol

Mohammad Laiq, un niño de Shindand, describe una escuela donde incluso lo más básico falta.

“Nuestra escuela no tiene edificio. Solo hay una estructura que puede albergar a un pequeño número de estudiantes, mientras que el resto de nosotros nos sentamos a veces en tiendas de campaña y otras veces directamente bajo el sol”, relató a EFE.

Estudiantes caminan para ir a la escuela en Afganistán.

Estudiantes caminan para ir a la escuela en Afganistán.EFE

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) calcula que casi la mitad de las escuelas públicas de Afganistán carecen de una infraestructura utilizable o han sido destruidas tras décadas de conflicto armado.

En Kandahar, profesores consultados por EFE aseguran que muchas escuelas continúan funcionando sin edificios permanentes, incluso en zonas cercanas a las capitales provinciales.

“Tenemos una base de datos completa de estas escuelas. Hay cientos de escuelas que carecen de edificios y de libros de texto adecuados”, declaró un funcionario de educación talibán bajo condición de anonimato.

Sin libros de texto

A la falta de aulas se suma la escasez de manuales. Estudiantes y profesores aseguran que muchas clases avanzan con libros incompletos, viejos o compartidos entre varios alumnos.

“Nos faltan la mayoría de los libros de texto, y los pocos que hay son viejos, no tienen portadas y les faltan algunas páginas”, contó a EFE Zaman, un estudiante de 11 años de una escuela pública del distrito de Achin.

El Gobierno talibán aseguró a EFE que en los últimos cuatro años ha distribuido alrededor de 40 millones de libros de texto en escuelas de todo el país y que otros 10 millones están siendo impresos y repartidos.

Un informe conjunto de la Unesco y Unicef reveló que más del 90 % de los niños afganos de 10 años no pueden leer ni comprender un texto básico, una crisis que los organismos describen como “escolarización sin aprendizaje”.

Con una tasa nacional de alfabetización estancada en torno al 37 %, la falta de aulas, materiales y maestros amenaza con dejar a otra generación de niños afganos en una educación apenas nominal, incluso entre aquellos que todavía logran sentarse frente a un profesor.

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