Fátima Navarro forma atletas y mejores ciudadanos desde los barrios de Guayaquil
La exmedallista bolivariana recuerda las barreras que enfrentó para hacer deporte y explica por qué hoy dedica su vida a formar atletas y mejores ciudadanos.

Fátima Navarro en su hábitat natural: el atletismo, disciplina que le ha permitido trascender barreras en general.
Esta historia forma parte de "Ellas para Ellas: Mujeres que mueven Guayaquil", el especial de EXPRESO por los 491 años de Guayaquil, que reúne a mujeres cuyas ideas, liderazgo y trabajo transforman la ciudad desde distintos ámbitos. En esta entrega, conocemos la trayectoria de Fátima Navarro, la medallista bolivariana que transformó las barreras en una misión: formar atletas y mejores ciudadanos en Guayaquil. Esta es su historia.
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Las barreras que superó para triunfar en el atletismo
Casi cuatro décadas entrenando deportistas le han dado a la maestra Fátima Navarro Sinisterra, medallista bolivariana de atletismo, la oportunidad de guiar a niños y jóvenes no solo para ganar una presea, sino para fortalecerse como seres humanos empáticos, con una formación integral para la pista y la vida.
Una vida que hoy dista mucho de la que experimentó en sus inicios deportivos, con apenas 11 años. Cuando sintió motivación por el lanzamiento de bala, disco y jabalina, y, pese a las discriminaciones, superó todas las barreras con el apoyo de sus entrenadoras en el entonces Colegio Nacional Guayaquil.
Es increíble, dice, que mientras sus profesoras elogiaban sus condiciones físicas, la primera barrera se la pusieron sus padres, quienes para entonces, por la década de los años 70, creían que el deporte era solo para el varón, pues tenían el concepto de que “las niñas debían dedicarse solo a estudiar, volver a casa y ayudar en los quehaceres domésticos”.
Pero el sueño e ímpetu de esa niña pudo más, recuerda. Le costó conseguir el permiso de sus padres, a quienes, pese a su corta edad, hizo entender que esa parte formativa la iba a ayudar en su desarrollo como persona. “Aceptaron, con una condición básica: tenía que ser buena estudiante. Entonces, me acuerdo: entrenaba fuerte, volvía a casa, hacía tareas rápido y de 4 a 6 ya estaba en la pista Víctor Emilio Estrada”.
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También cita la anécdota del tiempo en que tenía que trabajar con pesas para fortalecer sus músculos y sus padres se oponían, porque una niña no debía hacer ese tipo de ejercicios.
Las dificultades económicas también marcaron su carrera
Otra de las barreras que encontró en el camino estaba en la parte económica. Debió luchar mucho, porque la situación en casa era precaria. Pese a eso, sus padres la apoyaban. “Para entonces no había tanto desarrollo deportivo. Todo era básico”, remarca.
Finalmente compitió tanto que abandonó sus estudios universitarios de Química y apostó por una Licenciatura en Educación. Hoy también es Tecnóloga en Idiomas.
Al atletismo como entrenadora llegó por “un accidente”, ya que su padre murió y pasó a ser el eje de su hogar. “Recién graduada del colegio como bachiller necesité trabajar. Mi entrenadora de atletismo me ayudó a conseguir un trabajo como reemplazo en el colegio Espíritu Santo”.
Hoy Fátima sigue trabajando en el deporte universitario, pero también tiene un semillero de atletas, a los que cita cada tarde para trabajar en la pista de Fedenador, sector de Miraflores. Ahí, niños desde los 5 años hasta atletas jóvenes se reúnen a formarse en la escuela que lleva el nombre de su amiga y compañera de las pistas, Luz María Quiñónez.
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El proyecto que quiere impulsar para Guayaquil
La principal aspiración de Fátima Navarro es liderar la Asociación Provincial de Atletismo para fortalecer la formación deportiva desde las bases. Anhela poder sectorizar a Guayaquil y colocar formadores en semilleros, ubicados en los cuatro puntos cardinales, para que los deportistas no tengan que recorrer largas distancias para entrenar. También quiere activar las Ligas cantonales y fomentar el deporte estudiantil.
A los padres, les recomienda que con todos los problemas de inseguridad, es cuando más los chicos deben hacer deporte. “Hay que motivarlos, porque si bien la tecnología ha ayudado para el desarrollo de la educación, también es una parte que hace daño”, sostiene, y critica que los niños pasen horas de horas frente a una pantalla. Sugiere encaminarlos al arte y deporte, como parte de la formación integral.