apuesats deportivas
El celular es el casino del hincha: el Mundial dispara la fiebre de apuestas
El Mundial enciende las apuestas deportivas: tres plataformas dominan el 94% del mercado y una el 75%. La nueva ley retiene el 15% del premio

Un punto de venta de pronósticos deportivos y juegos en línea, en Quito. Los locales físicos conviven con las apps, que ya concentran la mayoría de las apuestas.
Lo que debes saber
- El Mundial 2026 se ha convertido en el principal motor de las apuestas deportivas en Ecuador, un mercado que ya vendió más de $134 millones en 2025 y que concentra el 94% del negocio en apenas tres plataformas.
- La nueva Ley del Deporte sacó al sector de la zona gris: ahora exige licencias, registro de cada usuario y una retención inmediata del 15% sobre cada premio ganado.
- El auge convive con un riesgo de salud pública que los expertos llaman pandemia silenciosa: la ludopatía afecta hasta al 16% de los adultos y al 27% de los adolescentes que usan estas plataformas.
Sebastián Montúfar nunca ha pisado un local de apuestas. Le basta el celular: se registró con una foto de su cédula, vinculó una cuenta bancaria y, desde entonces, juega cuando hay un partido que le interesa.
Con sus amigos arma apuestas combinadas de cinco o seis encuentros: cada uno pone $10 y, si aciertan todos los partidos, se reparten el premio.
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Sebastián representa a una generación de aficionados que vive el Mundial 2026 también desde la jugada. Con el Mundial, las apuestas se disparan: "en esta época hay muchas más porque hay muchos más partidos", afirmó.
Él, en cambio, juega cada vez con más prudencia: antes apostaba una vez por semana y hoy lo hace una vez al mes, con apenas $10 y más por diversión que por ganar. La razón la tiene clara: al hacer cuentas del año con sus amigos, "casi todos salimos en pérdida", dijo.
En las apuestas deportivas, cada resultado posible tiene una cuota que decide cuánto se gana. Esa cuota depende de dos cosas:
- la probabilidad de que el resultado ocurra y
- cuánta gente apuesta a esa misma opción.
Cuando muchos respaldan al favorito, la casa recorta su cuota y el premio baja. Sebastián lo explica con un ejemplo del Mundial: apostar $1 a que gana España ante Cabo Verde —lo esperable, y donde se concentran casi todas las apuestas— devuelve apenas centavos de ganancia.
En cambio, arriesgar ese mismo dólar a que gana Cabo Verde y acertar puede dejar hasta $30. Esa posibilidad de ganar mucho con poco, repetida partido tras partido, sostiene un negocio que en Ecuador ya mueve cifras de peso.
A esa lógica se suma la enorme variedad de jugadas: más allá del marcador, se puede apostar a los goles, a las tarjetas o a los tiros de esquina.
En plataformas internacionales se puede ir aún más lejos, hasta apostar a que un espectador invada la cancha. Esa oferta mantiene al usuario pendiente durante los 90 minutos.
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¿Cuánto mueve realmente el negocio?
Las plataformas de pronósticos deportivos vendieron más de $134 millones en 2025.
Un análisis del economista Alberto Acosta Burneo, basado en la Matriz Insumo Producto del Banco Central, calcula que el sector genera $252 millones en producción, $119 millones en valor agregado y más de 22 mil empleos directos e indirectos.
El mercado está en pocas manos. Tres operadores concentran cerca del 94% de la actividad formal:
- Sportek, dueña de la marca Ecuabet, suma el 75%;
- le siguen Metrocentro (Betcris), con 9,5% y
- Softdata, con 9,3%.
Esa actividad ya deja al Estado alrededor de $18 millones en impuestos al año, entre tributos al valor agregado, a la renta y retenciones sobre premios.
El Servicio de Rentas Internas (SRI) registra 65 contribuyentes ligados a los pronósticos, aunque el número real es mayor por las plataformas que aún operan fuera del catastro. Para Acosta, el verdadero problema no es que las apuestas existan, sino la informalidad.
Para el economista, prohibir no elimina la demanda:solo la traslada a operadores ilegales o a plataformas extranjeras fuera del alcance del Estado, advirtió en su informe.
Y la tendencia es mundial: el mercado en línea pasaría de $76.750 millones en 2021 a más de $167.660 millones en 2029. En Colombia el negocio creció más del 300% tras regularse y Brasil recaudó cerca de $1.864 millones en su primer año formal.
El propio Mundial mueve la economía global. Organismos internacionales calculan que en 2026 podría aportar más de $40.900 millones al Producto Interno Bruto mundial, un reflejo de la magnitud de un evento capaz de movilizar a millones de personas.
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¿Qué cambia con la nueva ley?
Hay un matiz legal que pocos usuarios notan. En Ecuador, la apuesta de puro azar no está permitida; lo legal es el pronóstico deportivo, que se apoya en probabilidades y estadísticas, explicó Martín Ávila, director de deportes de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE).
En la práctica, el usuario lo vive como lo mismo: dinero puesto sobre un resultado.
Hasta hace poco esa frontera era una zona gris. La nueva Ley del Deporte rige desde febrero y obliga a las casas de pronósticos a operar con licencia anual, registrar a cada usuario y verificar su residencia. Las operadoras tienen seis meses para completar ese proceso.
También entra la Unidad de Análisis Financiero y Económico (UAFE) para frenar el lavado de activos y se prohíbe la publicidad con influencers. El cambio más sensible llega al bolsillo: el nuevo esquema retiene de inmediato el 15% de cada premio ganado.
"Dejó de ser una actividad marginal", afirmó Ávila, y precisó que 12 de los 16 equipos de la Serie A se sostienen con auspicios de estas plataformas. La propia Federación Ecuatoriana de Fútbol tiene contrato con Ecuabet.
Donde antes había marcas de cigarrillos o gaseosas, hoy hay casas de apuestas: sin ellas, dijo, el fútbol profesional no funcionaría igual.
¿Cómo seducen al apostador?
Las plataformas compiten por el bolsillo del hincha. Ecuabet lanzó una campaña mundialista con más de $500.000 en premios, una Polla Tricolor que reparte $30.000 y hasta diez viajes al Mundial con gastos pagados.
"Hoy los aficionados no solo quieren ver los partidos; buscan vivir experiencias", dijo su gerente de marketing, Patricio Jaramillo.
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¿Cuál es el lado oscuro?
Ese mismo auge tiene una cara menos visible. Ávila la llama una "pandemia silenciosa": reportes internacionales estiman entre 80 y 100 millones de adultos con ludopatía en el mundo.
Los estudios clínicos hablan de un 16% de adultos y un 27% de adolescentes con conductas de riesgo. La adicción, advirtió, dispara ansiedad, depresión y problemas familiares.
La conquista del usuario ocurre en la pantalla. "El casino se volvió el celular", afirmó: la publicidad personalizada, los bonos de inicio y el patrocinio en redes acercan la jugada a cualquier mano y a cualquier hora.
A eso se suma el amaño de partidos, una economía ilícita que en Ecuador ya dejó muertes y que presiona sobre todo a las categorías inferiores.
La experiencia de la región anticipa el patrón. Un apostador mexicano, que pidió reserva, empezó destinando unos $25 al mes "para meterle más emoción" al fútbol, y al principio hasta ganaba: una vez convirtió $5 en unos $150.
Pero la racha se acabó. Cuando empezó a perder y se quedaba sin dinero en la primera semana, le daban ganas de seguir jugando para intentar recuperar lo apostado.
En su país, dijo, las plataformas se multiplicaron y el bombardeo de bonos, influencers y comerciales "está muy severo".
Otros países convirtieron ese dinero en oportunidad. Corea del Sur, por ejemplo, reinvirtió lo recaudado por las apuestas reguladas en su sistema deportivo tras los Juegos Olímpicos.
La Constitución ecuatoriana, además, define las adicciones como un problema de salud pública y obliga al Estado a prevenirlas.
El Mundial 2026 será un punto de inflexión. La duda de fondo es si ese crecimiento ocurrirá dentro de un mercado formal que recaude y proteja, o fuera de él. Mientras tanto, el consejo de aquel apostador mexicano resume el dilema: tratarlo "como una noche de fiesta", gastar solo lo de una cena y olvidarlo.