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Diario Expreso Ecuador

Tecnología

La Inteligencia Artificial sacudiendo al mundo

ANÁLISIS. Tres noticias en una semana exponen el dilema de la IA: cuanto más poderosa se vuelve, más difícil resulta distinguir entre beneficios y riesgos

Anthropic es una empresa estadounidense de inteligencia artificial (IA) fundada en 2021 por antiguos miembros de OpenAI.

Anthropic es una empresa estadounidense de inteligencia artificial (IA) fundada en 2021 por antiguos miembros de OpenAI.AFP

Fernando Insua Romero
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Tal vez esta fue la semana más movida en la corta historia de la inteligencia artificial. El lunes, un exingeniero de OpenAI y Anthropic renunció advirtiendo que la IA podría acabar con la humanidad antes de que termine esta década. 

El martes, otra anunció haber resuelto uno de los seis Problemas del Milenio, enigmas matemáticos sin solución desde hace más de un siglo, aunque de inmediato estalló una disputa por la autoría. Y el jueves, la otra gran empresa del sector reveló que había bloqueado varios intentos de usar sus modelos en investigaciones que podrían haber derivado en armas biológicas. 

Tres días, tres titulares, y las tres caras de la misma tecnología con la cual soñó Isaac Asimov y que a todo un planeta mantiene espectante: la que nos podría destruir, la que resuelve en 88 horas lo que a la humanidad le tomó siglo y medio, y la que ya se usa para diseñar las armas del futuro.

Empecemos por el miedo. Jacob Coxon, de 27 años, pasó por OpenAI y por Anthropic entrenando los modelos que hoy usamos para escribir correos, y renunció advirtiendo que ninguna de las dos empresas actúa con responsabilidad: van, dice, camino a una superinteligencia que podría matarnos a todos antes de 2030. 

Cuando el bombero grita fuego

Lo llamativo no es que lo diga un extrabajador —eso abunda—; es que Evan Hubinger, quien dirige las pruebas de seguridad en Anthropic, lo confirmó: cree que hay más de 10% de probabilidad de un desastre existencial en la próxima década cosa que hizo que se vuelva más verosimil la noticia , ya saben. Cuando el bombero grita fuego, sabes que la emergencia es real.

Y sin embargo, esa misma semana, OpenAI presumía haber resuelto con 10.000 agentes de IA, trabajando 88 horas, uno de los problemas matemáticos más resistentes de la historia. 

El logro se ensució de inmediato: dos matemáticos, uno de ellos de Anthropic, aseguran haber avanzado ya buena parte de la demostración, y acusan a OpenAI de haberse apresurado al enterarse de su trabajo. Newton y Leibniz se pelearon por el cálculo infinitesimal durante siglos; ahora las máquinas resuelven en tres días lo que a los humanos les tomó generaciones, y ya pelean por la autoría.

Anthropic reveló el jueves que había bloqueado al menos cinco intentos de usar sus modelos en investigaciones que podrían derivar en armas biológicas, vinculados a China, Rusia y Yemen. Lo perturbador no es solo el intento: es que ni ella misma logra distinguir siempre a un científico legítimo de un actor hostil.

Miedo, asombro y advertencia, los tres en la misma semana. Y aquí conviene ponerse el sombrero del escéptico, porque en el pasado varias alertas sobre lo “peligrosamente poderosa” que se había vuelto una tecnología resultaron ser, en el fondo, publicidad bien calculada. 

La página de presentación de GPT-5.6 en la pantalla de un teléfono inteligente proyecta la imagen promocional del modelo, el 29 de junio de 2026.

La página de presentación de GPT-5.6 en la pantalla de un teléfono inteligente proyecta la imagen promocional del modelo, el 29 de junio de 2026.AFP

En el pico de la burbuja puntocom

Los físicos de la bomba atómica también inflaron su propio mito para financiarse; las puntocom vendieron revoluciones que tardaron veinte años en llegar. 

Que una empresa anuncie que resolvió un enigma centenario, o que evitó el fin del mundo, no es gratuito cuando ni OpenAI ni Anthropic han salido aún a bolsa y ambas necesitan que el mercado las siga viendo como indispensables.

Y el mercado ya depende de ellas más de lo saludable. A inicios de septiembre, las siete mayores tecnológicas del S&P 500 —el índice bursátil más importante de Wall Street— ya superaban el 34% del índice, todas ligadas al auge de la IA. En el pico de la burbuja puntocom del año 2000, tecnología y telecomunicaciones juntas nunca pasaron del 41%. Vamos camino a superarlo.

Así que la próxima vez que una empresa de IA anuncie que salvó al mundo o que casi lo destruye, vale la pena aplaudir con una mano y revisar la cartera de inversiones con la otra.

La humanidad no debería elegir entre el pánico y la ingenuidad. A lo largo de la historia hemos aprendido que las tecnologías más temidas terminan “domesticadas” cuando alguien se anima a ponerles reglas, a ordenar el caos. 

Casi siempre la ciencia corre más rápido que la sociedad, y es esta la que después debe alcanzarla, generando las normas necesarias para preservar el orden establecido, sin apagar la chispa que la hizo posible.

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