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Vivir con un vecino incomodo
Totori es una urbanización cerrada construida junto a Montebello, por lo cual sufre algunos de los mismos problemas de esta.

Si hay una ciudadela en Guayaquil que adolece al mismo tiempo de múltiples problemas urbanos, esa es Montebello. Desorden vial, desaseo, comercio informal y sobrepoblación son algunos de los síntomas que aquejan a este barrio, que cree que el origen de su ‘enfermedad’ está en vivir junto a la concurrida y dinámica Terminal de Transferencia de Víveres.
De las ordenadas villitas de hormigón de 36 metros cuadrados entregadas a familias de escasos recursos en 1994, ya casi no queda nada. Sobre todo en la calle principal, estas se han transformado en casas de dos, tres y hasta cuatro pisos, para atender una gran demanda de vivienda que generó la presencia del gran mercado, construido en 1998. Esto ha hecho que la infraestructura básica del lugar, como los sistemas de alcantarillado, se vea desbordada por una población que hoy llega a 4.000 personas.
“Las alcantarillas siempre se rebosan y tenemos que estar llamando a los carros hidrocleaners para que vengan a destaparlas”, explica Juan Espinoza, residente del barrio.
Otro de los graves problemas de este colectivo es la falta de vías de acceso. La av. Marcel Laniado, la única por donde pueden entrar y salir los vehículos de Montebello, a través de su calle principal (av. 40), es constantemente bloqueada por filas de camiones que se forman junto a la ciudadela, con el fin de ingresar al mercado de mayoristas.
“Hace poco, una vecina casi da a luz en el carro porque no podía salir de la ciudadela a causa de los camiones que taponaban nuestra única salida. Tuvimos que reclamar para poder pasar”, relata Yolanda Araujo, presidenta del Comité de Desarrollo Comunal de Montebello.
La dirigente lamenta que pese a los insistentes oficios dirigidos al Municipio y a la Agencia de Tránsito Municipal (ATM), hasta ahora no hay solución a este lío. “La ATM viene cuando se le llama, pero no soluciona el problema definitivamente”.
El mercado les causa otro malestar: muchos camiones de carga usan a Montebello como parqueadero. La calle principal, algunas adyacentes e incluso uno de los tres parques, el Zarigüeya, siempre pasan ocupados por estos carros. Esta situación y la presencia de mercadillos y puestos de comidas preparadas también han sido denunciadas insistentemente por el comité barrial.
“Hemos pedido desde enero de este año que venga Justicia y Vigilancia, pero ya vamos a terminar el año y nada”, dice Araujo y muestra a EXPRESO los oficios y una respuesta del alcalde Jaime Nebot, con fecha 20 de octubre, pidiendo a la Policía Metropolitana atender la queja.
Pero ahí no terminan los problemas de esta urbanización. Las aceras lucen con rampas de hormigón que salen desde las casas y otros obstáculos que hacen difícil la movilidad. Y en las calzadas, las montañas de basura afean más al barrio.
“Vivo aquí 17 años y la ciudadela ha cambiado algo, pero nos falta mucho”, comenta Juan Herrera. “Sería bueno que nos ayuden trayendo por ejemplo la regeneración urbana al sector”.
Reformas
Pierde su toque ‘alemán’
A fines de los noventa, en Montebello se levantaron 45 nuevas viviendas diferentes a las demás por su arquitectura y por lucir en sus puertas nombres como ‘Familia Jacobson’, ‘Villa Hildergard Schmude’, ‘Villa Fleissmer’... Fueron entregadas por familias alemanas que apadrinan a estudiantes sobresalientes de escuelas, gracias a un plan de becas de la Arquidiócesis de Guayaquil y la fundación Alfons Goppel. La mayoría de esas villas también han sido reformadas y unas pocas conservan los apellidos extranjeros.