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Diario Expreso Ecuador

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Que hacer con el TTIP

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Tres años atrás, Estados Unidos y la Unión Europea iniciaban conversaciones para concluir la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) declarando que “un lleno de gasolina” les llegaría para alcanzar la meta. Hoy, la creciente oposición de sus respectivas opiniones públicas hace peligrar la consecución de este objetivo. Los obstáculos en las negociaciones no son exclusivos de este acuerdo. Reflejan una tendencia más amplia; una deriva que nos interpela a repensar el enfoque general de los acuerdos de libre comercio, ya que la oposición va en aumento. Así, los dos candidatos a la Casa Blanca se han declarado contrarios a la apertura de mercados, por lo que incluso peligra el Acuerdo Transpacífico que EE.UU. negoció con 11 países del Pacífico. Y entre los políticos europeos también progresan las voces contrarias al TTIP, ante lo cual el presidente de la Comisión Europea se ha visto en la necesidad de plantear que los líderes de los 28 países reafirmen su compromiso en el próximo Consejo Europeo. La percepción de que la globalización azota al ciudadano de a pie y beneficia solo a unos pocos crece, aun cuando el libre comercio, encuadrado por normas y estándares internacionales, tiene un impacto macroeconómico neto indudablemente positivo. Para garantizar el apoyo público es preciso, así, mitigar las consecuencias negativas del librecambio y preparar mejor a nuestras sociedades para un mundo de inexorable interdependencia económica. Resulta imperativo, en este sentido, dar prioridad a las políticas que, como el Programa de Asistencia por Ajuste Comercial en EE.UU., o el Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización, se proyectan sobre los sectores más afectados; pero por sí solos, estos mecanismos no son sino parches. La situación exige medidas estructurales para hacer frente al impacto de la libre circulación de bienes, servicios y capitales que entra en resonancia con el actual cambio tecnológico acelerado. La formación requiere especial atención. Sectores enteros de la industria se ven hoy amenazados y sus trabajadores abocados a reinventarse. Por ello, tenemos que repensar la educación y garantizar la adquisición de unas “metacapacidades” que proporcionen un abanico amplio de adaptabilidad laboral. La conclusión de un TTIP ambicioso no será tarea fácil y exigirá creatividad intelectual, como la que potenció el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. EE.UU. y la UE deben avanzar con normas vinculantes en las áreas de convergencia y adoptar principios y marcos más amplios para las negociaciones en curso sobre cuestiones espinosas como sanidad o seguridad alimentaria. La introducción de estos planteamientos de cooperación supondría un impacto inmediato menor, pero podría ser la clave para salvar escollos políticos inminentes sin desistir del potencial del TTIP a largo plazo. Además, contribuiría a reforzar el protagonismo de EE.UU., con Europa a su lado, en la elaboración de normas internacionales. El TTIP sin el apoyo ciudadano nunca se alcanzará y cambiar la opinión popular requiere repensar el modo de encauzar el comercio internacional y de plantear el progreso de nuestra sociedad abierta.

Project Syndicate

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