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El triunfo de la resistencia rusa

Es la segunda clasificación rusa a cuartos de final, tras la lograda en 1966, año en el que acabó cuarta, su mejor Mundial.

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El Mundial de Rusia no tiene piedad con nadie. No la tuvo con Alemania, Messi o Cristiano y tampoco con otro favorito como España, que pasó sin pena ni gloria por el estadio Luznhiki y acabó derrotado por una sólida selección rusa.

Los penales, después de un soporífero encuentro, fueron la única forma de desempatar un duelo en el que los locales se atrincheraron, alimentados por los festejos de sus hinchas en cada pérdida española. Allí, Akinfeev se convirtió en héroe con dos penales atajados ante un plantel ibérico sin alternativas.

Los de Fernando Hierro venían avisando de su bajón de juego y el técnico, pese a que movió el equipo con la entrada de Koke y Asensio por Thiago e Iniesta, no pudo hacer nada para revertir la dinámica. Además, en el otro lado tenían la resistencia rusa.

Como en la Segunda Guerra Mundial, cuando los soviéticos aguantaron en su territorio los ataques alemanes anhelando el invierno para contraatacar, el seleccionado ruso ayer apostó por esperar su momento metido atrás.

Nada les importó que entre Sergio Ramos e Ignashevich anotasen el primer tanto a los doce minutos de juego. El plan de los locales no iba a variar ni siquiera en inferioridad. El español, como viene siendo habitual desde que en 2008 se proclamasen campeones de Europa, tampoco. Sin embargo, con el paso de los años este juego, idealizado por muchos, ha perdido su sentido máximo: atacar el área rival.

La Roja se pasó la pelota de lado a lado. La amasaban Ramos, Piqué y Koke, quien fue el elegido para formar una línea de tres defensiva al momento de atacar, liberando a los laterales. Nada mejoró. Solo Isco podía inquietar por momentos la línea de cinco zagueros que formó Cherchesov, junto a otro grupo de cuatro que dejaba solo en la zona ofensiva a Dzyuba, el aguerrido soldado de avanzada.

El ‘tanque’ ruso fue la única solución local. Balón largo, dejadas y aprovechar segundas jugadas. Así llegaron las mejores acciones, como la que les permitió generar un córner cuando el primer tiempo se agotaba. Un saque de esquina que derivó en un penal infantil de Piqué que el propio Dzyuba, que pasó de no estar en la lista de 23 a ser ídolo local, transformó con calma.

Ya en el segundo tiempo y tras el paso de los minutos, se notó una cierta mejoría visitante y una formación aún más defensiva rusa que llevó a los fanáticos locales a festejar cada robo. Cada saque de banda. Cada falta de un jugador ruso sobre un español. Se jugaban pequeñas batallas, esperando los penales como el invierno en la Segunda Guerra Mundial. Aquella, entendían, era su única forma de superar a España.

Los españoles dieron entrada a Iniesta, Carvajal y Aspas, y aunque este último generó peligro y probó a Akinfeev, la sensación de que el duelo se iría al alargue y a los penales sobrevolaba el ambiente. Y así fue

La prórroga sirvió para poco más que para ver el primer cuarto cambio de la historia de una Copa del Mundo (Erokhin por Kuziaev). También los ibéricos utilizaron esta nueva norma para que Rodrigo saltase a la cancha, y el del Valencia tuvo una gran acción personal que detuvo el meta ruso.

Akinfeev se sentía cada vez más héroe. Levantaba los brazos animando a los fanáticos mientras los españoles circulaban la pelota en los aledaños de su área y los hinchas que coparon el Luznhiki le correspondían con gritos de “Rusia, Rusia”, descontando los minutos para llegar hasta el 120.

Cuando el árbitro señaló el final, explotó el escenario deportivo celebrando las penas máximas como un título.

Y allí, cuando todo depende de los lanzamientos desde los once metros, el estado de ánimo juega un protagonismo determinante. La Roja titubeó en el segundo lanzamiento, en los pies de Koke y atajado por Akinfeev. Los locales, mientras, no erraron ninguno y esperaron una nueva atajada de su héroe para eliminar a España y celebrar su pase a los cuartos de final. Una selección y un técnico criticados al inicio de la cita que le dieron la vuelta y hoy disfrutan de su primera clasificación a cuartos desde que se disolvió la URRS. Moscú, y toda Rusia, están de fiesta.

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