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Tres iniciativas guayaquilenas llegan como finalistas a los ‘premios verdes’
Mil cuatrocientos casos socioambientales registrados. Quinientas trece ciudades de América. Diez categorías y treinta finalistas, de las cuales tres llevan el sello guayaquileño.

Mil cuatrocientos casos socioambientales registrados. Quinientas trece ciudades de América. Diez categorías y treinta finalistas, de las cuales tres llevan el sello guayaquileño.
Una nueva edición de los Premios Latinoamérica Verde (PLV) se desarrollará del 23 al 25 de agosto y Ecuador figura entre los finalistas con cuatro casos en este certamen que reúne, exhibe y premia a las mejores iniciativas socioambientales del continente. Y Guayaquil dice “presente” con tres de los casos que están en la final. Uno es de Quito.
1. Restaurando bosque seco. Esta propuesta se inició hace 26 años de la mano de fundación Pro Bosque. Erick Horsmant, quien dirige la organización y el trabajo, indicó que se buscó recuperar el bosque seco reforestando el Bosque Protector Cerro Blanco, donde en ese tiempo (1990) era evidente la tala de árboles para convertir el espacio en pastizales.
Y el trabajo de hormiga inició, sembrando las especies nativa, unos 8.000 o 9.000 árboles por año, dice Horsmant a quien la postulación a los PLV le parece una oportunidad de dar a conocer la labor y replicarla en otros sectores.
“Desarrollando programas educativos. Con la conservación a nivel del paisaje, salir de las áreas protegidas y empezar con corredores biológicos para asegurar la sobrevivencia de las especies”, acota.
2. Impacto y mecanismos de respuesta de la comunidad bacteriana en el sedimento, causado del estero salado por metales pesados. La propuesta es de Juan Carlos Fernández y consistió en analizar los niveles elevados de metales pesados en el sedimento del estero Salado.
Fernández es becario de la Senescyt y está terminando sus estudios de doctorado en Ciencias Biológicas en el Laboratorio de Microbiología Marina de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Como parte de su formación es necesario realizar un estudio novedoso y que sea de aporte significativo para la sociedad. “El estero Salado fue un buen modelo de estudio”.
Con esta propuesta, dice Fernández, “buscamos proveer herramientas para rescatar el ecosistema. Esto traerá beneficios directos a la población porque además de dejar de oler de manera desagradable, el restaurar la comunidad bacteriana permitirá que el suelo sea apto para poder ser reforestado”.
3. Desarrollo de robots submarinos para la exploración antártica .El tercer caso es del politécnico Arturo Cadena Torres. El proyecto se probó en 2012, cuando el aparato se introdujo en el fondo marino de la Antártida durante una hora, y grabó el hábitat y recogió estrellas de mar para su posterior estudio. Con esta iniciativa su promotor busca que “a través del conocimiento de los océanos podamos protegerlos; no se puede cuidar lo que no se conoce”. KSG