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Talento talla unica

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El socialismo y el fascismo, gemelos antagónicos, tienen en común la creación de moldes y prototipos de las personas y la formulación de normas de comportamiento colectivo. Son ideologías puritanas que practican la ingeniería social: la antítesis del ejercicio pleno de la libertad de ser, hacer y pensar. La planificación es el instrumento normativo de la sociedad idealizada, cuyas características son la conformidad, la uniformidad y el común denominador de sometimiento ante el Estado tutelar.

En el campo académico, el fascismo y el socialismo generan una plantilla de lo que debe ser la universidad, en función del esquema global y la visión de la patria colectiva.

Se parte del principio de que los reguladores (sacados del molde del inspector Javert de Los Miserables, de Víctor Hugo) son sabios que mejor que nadie conocen lo que la gente requiere. El ente superior empieza por delinear criterios, calificaciones, currículos, temas de investigación, carreras ofertadas, requisitos para los profesores, exámenes, notas: en fin, todo aquello que tiene que ver con la vida académica, las funciones educativas y la estructura universitaria.

Esta normatividad dio al traste con la autonomía universitaria, autonomía que de principio noble de autogestión institucional se convirtió en instrumento de galarifos: bueno para reclamar rentas, pobre para rendir cuentas. Lamentablemente, fue la propia Universidad de Guayaquil, otrora considerada la “alma mater” por excelencia, la que ejemplificó el deterioro de las instituciones de enseñanza superior que perdieron su misión.

El sector, por lo demás, se caracterizaba por una sobreabundancia de oferta de instituciones de dudosa reputación, erigidas con fines de lucro, que producían profesionales sin profesión, sin calificaciones o futuro.

Pero la reacción visceral inspirada desde los confines del poder ha dado resultados que, más allá de la propaganda que caracteriza a este Gobierno, deja mucho qué desear. En la misma Universidad de Guayaquil los cinco años de intervención no han producido nada (excepto para quienes han percibido sus sueldos), sigue en su categoría D.

Al otro extremo se ha erigido, con desmedido desperdicio de recursos, un elefante blanco en Yachay, que presume de ser institución de excelencia académica, sin reconocer que esta nace del pensamiento crítico, que es la antinomia del credo fascista/socialista.

Llegado el momento de que se extinga la aberrante ideología del socialismo del siglo XXI, será necesario volver por los fueros: desmantelar el aparato burocrático represivo que ejerce su tiranía con dedicatoria; devolver la autonomía académica a las universidades, empezando por las que actualmente tienen las mejores calificaciones; despedir a la mayor parte del plantel de comisarios; abandonar la definición de mallas curriculares, pero mantener los exámenes de admisión y calificación y recalificación profesional cuando fuere del caso; despolitizar el financiamiento de los proyectos de investigación con fondos públicos; y en definitiva, como ya se dijo, volver por los fueros de la verdadera excelencia académica que, como he expresado, solo puede basarse en la libertad de pensamiento y expresión.

colaboradores@granasa.com.ec

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