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El sueno americano
El pasado martes 21 de febrero el Gobierno de EE.UU. anunció las nuevas directrices del departamento de Seguridad Interior que aceleran el proceso de deportación de inmigrantes ilegales y que dispone la contratación de 15.000 nuevos agentes de control migratorio, ampliando y endureciendo aún más la política de persecución emprendida por Barack Obama contra los 11 millones de indocumentados residentes en la Unión y que se concentró en aquellos con antecedentes criminales o que pudieran tener vínculos terroristas. Las recientes políticas establecidas y detalladas en dos memorandos firmados por John F. Kelly, nuevo secretario del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), referentes a la contratación de 10.000 nuevos agentes de la Dirección de Inmigración y Aduanas (CBP) y 5.000 nuevos agentes de la Patrulla Fronteriza (ICE), la creación de más centros de detención y la orden de acelerar las audiencias de deportación, al tiempo que facultan a oficiales de policía estatales y locales para que actúen como agentes migratorios, en realidad no hacen más que llevar a la práctica las órdenes ejecutivas firmadas por Donald Trump al asumir el mando presidencial el 20 de enero pasado, respecto al problema de la inmigración ilegal, que se habría concretado en su empeño de la construcción-ampliación de un muro y el reforzamiento de las patrullas a lo largo de la frontera con México (con su prepotente afirmación de hacérselo pagar a los mismos mexicanos). Los memorandos de la era Trump disponen que los agentes del Gobierno detengan a los inmigrantes hasta que se les conceda audiencia ante un juez de inmigración, cuando en el gobierno de Obama por lo menos se les concedía estar en libertad condicional y vivir con sus familiares hasta el momento de la audiencia, lo que podría retrasarse hasta por más de un año. Para el Washington Post el núcleo de la ofensiva antiinmigratoria radica en la posibilidad de aplicar deportaciones inmediatas a prácticamente todos aquellos que lleven menos de tres años en el país, excluyendo solo a menores, peticionarios de asilo y quienes puedan demostrar la legalidad de su estatus migratorio. El sueño americano va perdiendo cada vez más su mágica concepción de sueño para convertirse en pesadilla.
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