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Sin sudamericanos Moscu se vacia

Visitas. Aproximadamente 700.000 turistas estaban en los planes de la organización que viajen a suelo ruso durante el Mundial.

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El Mundial se pierde por el desagüe como el último remolino de agua. Agoniza, a falta de solo cuatro partidos y con cuatro países europeos buscando la cuarta corona consecutiva para el continente, pero con menos espectáculo de lo esperado. El fútbol lo tiene, pero las calles de Moscú se han ido vaciando al ritmo que los latinos fueron cayendo entre que Perú confirmó su marcha el primero y Brasil sucumbió el viernes frente a Bélgica.

El sábado veraniego en la capital rusa, las calles lucían repletas. Pero ya no de aficionados, entonando sus barras y paseando orgullosos sus camisetas. Ahora son turistas, muchos rusos de ciudades cercanas que llegan a la capital para vivir la emoción de su combinado jugando el Mundial, y algunos optimistas sudamericanos que soñaban con ver a su país en la final y que ahora, con la camiseta guardada en la maleta, pasean conociendo las entrañas soviéticas de esta ciudad.

“Allí entraban los zares, las puertas se abrían a las 11:00...”, inicia una guía turística señalando uno de los accesos al Kremlin de Moscú, en la repetida Plaza Roja, hablando a un cuarteto de argentinos que han decidido por la opción cultural para desahogar las penas deportivas. “Qué le vamos a hacer, al menos esto”, se lamenta con una mirada cómplice Nico al ser preguntado por sus planes, antes de recibir la reprimenda de sus acompañantes por interrumpir la lección.

Esa es la imagen hoy de la sede mundialista, que vivió una fiesta latina en sus primeras dos semanas. La cercanía de la política rusa con la sudamericana, facilitando incluso la llegada de turistas sin visado, permitió vivir un Mundial latino en Europa, aunque los resultados futbolísticos no los hayan acompañado. “Somos locales otra vez”, fue la barra más repetida por hinchas argentinos, mexicanos y colombianos, que junto a los peruanos y brasileros fueron los de mayor presencia.

El cotejo entre Uruguay y Francia, en Nizhny Novgorod, la sede más cercana a la capital de las once que acogieron el torneo, fue dramático en cuanto al ambiente. Apenas un puñado de miles charrúas, menos aún galos, y un nutrido grupo de locales que caminan al estadio en peregrinación, tomando selfies como los asiáticos cuando acuden al Bernabéu o el Camp Nou para ver a Ronaldo o Messi.

“Tenemos entrada hasta la final, intentamos vender la de hoy pero se pagaba a menos del valor oficial”, lamentaba Fabián, otro fanático gaucho que caminaba hacia el escenario del duelo que ganaron los franceses, cambiando el final de las barras uruguayas por las propias albicelestes. Apoyaba a Suárez y compañía pero acertaba en su pronóstico: “Una vez más, el Mundial será para Europa”.

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