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De Sao Paulo a Caracas
la semana política que acaba de pasar comenzó en realidad en Bogotá, con la noticia de la firma de los acuerdos de paz del Gobierno con las FARC, que fue substituida, días después, por la destitución de la presidenta Rousseff en Brasil. Era, por una parte algo esperado. En la recta final del proceso de “impeachment”, estaba “ante el abismo”, como metaforizó El País en un editorial. Tanto sus defensores como sus acusadores utilizaron argumentos técnicos. Dilma Rousseff tenía algo a favor y mucho en contra. No ha sido acusada de enriquecimiento ilícito personal. Pero durante el período de gestión del gobierno del Partido de los Trabajadores, la corrupción ha sido gigantesca, desmesurada y ha afectado a la clase política y a las grandes empresas, algo incompatible con los idearios defendidos por Lula y Rousseff.
Paralelamente, la caída económica del país ha ido en picada: es la peor crisis de su historia. La mezcla de corrupción, desempleo y falta de soluciones ha sido explosiva. Hay un fracaso de quien debió liderar un proceso. Y de una línea ideológica que se supone debiera proclamar tanto la inclusión como la anticorrupción. No en balde lo sucedido puede ser entendido, según The New York Times, “como un veredicto sobre su liderazgo y su manejo de la crisis de Brasil”.
En Caracas, al final de la semana se agrupó una gigantesca multitud para exigir el referendo revocatorio de la presidencia de Nicolás Maduro antes de finalizar este año. Apoteósica. Basta ver las fotografías e imaginar los obstáculos y sanciones contra los que se atrevían a manifestarse; la respuesta del Gobierno fue la misma.
El problema, como se lo ha repetido una y mil veces, es que el Gobierno de Maduro, aparte de amenazar y aburrir con noticias de una conspiración en su contra, no hace nada para paliar el dolor y la escasez de sus ciudadanos. Hasta ahora no hay noticias de una especie de “Plan Marshall” o “Plan Hugo” para afrontar los problemas reales de la gente en Venezuela.
Lo preocupante es la lectura de estos sucesos: los laberintos de la democracia.
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