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Rossini, gran “gourmet”
Cuando el ‘Cisne de Pésaro’, nacido en 1792, concluyó su carrera operática en París, había escrito un total de 36 óperas; solo tenía 36 años y era un hombre acaudalado. Sus composiciones en los 39 años de vida finales consistieron en un par de importantes obras sacras: el “Stabat Mater” (una obra que requiere solos de canto espectaculares) y la “Petite Messe Solennelle”, y el volumen de piezas de piano colectivamente llamadas “Pechés de Vieillesse” (Pecados de la Vejez).
Pero como buen “bon vivant” continuó disfrutando de la vida y de lo que ella le ofrecía; su salud no fue de lo mejor y abusó de la buena mesa y el buen vino. Muchos chefs le pusieron su nombre a platos especiales y en la actualidad podemos ordenar Tournedos Rossini en los buenos restaurantes. Como referencia obligada a su apasionamiento al tema gastronómico, se dice que en toda su vida lloró solo dos ocasiones: a la muerte de su padre y cuando se le cayó por la borda del barco un pavo trufado; para Rossini la trufa era “el Mozart de las setas”.
Una noche, al salir de un concierto, se acercó una elegante señora y le dijo: “¡Maestro, finalmente puedo contemplar esta cara genial, que solo conocía por retratos! Es inconfundible: solo el hijo predilecto de la música podía tener una frente tan prominente como la vuestra”. “¿Y qué me dice de ésta, señora?”, contestó Rossini tocándose la barriga. “Ud. no podrá negar que es aún más visible y desarrollada. No se engañe, lo más prominente que tengo es el apetito”. En 1864, el barón Rothschild le mandó a regalar unos racimos de las maravillosas uvas de sus invernaderos y recibió esta respuesta: “¡Gracias! Su uva es excelente, pero no me gusta mucho el vino en pastillas”. El barón entendió la alusión y le gustó tanto el comentario que hizo mandar al maestro un tonelete de su mejor Chateau-Lafitte.
Se comenta que Rossini, además de tener muy buen gusto en su paladar, también era un excelente cocinero, agradándole mucho cocinar -sobre todo los macarrones- de los cuales era un apasionado; también lo era del paté de pollo con cangrejos a la mantequilla.
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