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Rocio Rosero: “Se ha roto el silencio sobre la violencia machista”

Rocío Rosero trabaja desde hace 40 años en la defensa de los derechos de las mujeres. La consultora quiteña explica a EXPRESO su visión sobre el incremento de los femicidios a inicios de este año.

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Rocío Rosero trabaja desde hace 40 años en la defensa de los derechos de las mujeres. La consultora quiteña explica a EXPRESO su visión sobre el incremento de los femicidios a inicios de este año.

- ¿Cuál cree usted que es la razón del incremento de muertes de las mujeres?

- Lo que tenemos es el contexto general de inseguridad, la violencia como forma de relación, su naturalización en todas las relaciones desde el Estado, el Gobierno, la clase política, la ridiculización de las mujeres participando en política.

- ¿Hay un incremento de la violencia machista?

- Se pone en evidencia porque se ha roto el silencio. Ya no hay esa idea de que era una desgracia individual, el secreto mejor guardado de la familia. Ese cambio ha permitido visibilizar todo tipo de ataques que venían ocurriendo y están allí. El otro factor es que hay un contexto violento en el mundo y Ecuador no escapa de esto. El imaginario de reproducción del poder autoritario patriarcal, del don de mando, la subvaloración de los aportes, la ridiculización por parte de los decidores, del presidente, son elementos que contribuyen a naturalizar la violencia.

- ¿Cuando hablamos de los asesinatos de mujeres son femicidios o feminicidios?

- Desde el Movimiento de Mujeres reivindicamos el feminicidio porque existe una responsabilidad del Estado no solo actor directo del delito (femicidio). Cuando ocurre una cadena de suicidios, por ejemplo, sobre los cuales la autoridad no ha actuado hay complicidad del Estado.

- ¿El Código Orgánico Integral Penal (COIP), que tipificó el delito, contribuye a la prevención?

- El COIP es sancionador, no contiene la política pública de prevención, de protección, de reparación de derechos de las víctimas. Por eso planteamos el proyecto de ley integral por un derecho a una vida libre de violencia, ese rol fundamental de atender el segmento de la política pública que tiene con los mecanismos de protección, atención y reparación.

- ¿Solo castiga?

- Sí y con limitaciones. No hay un proceso expedito como manda la Constitución y eso hace que las mujeres desistan. A pesar de los esfuerzos en la formación del personal de administración de justicia no es suficiente. No hay la sensibilidad ni la comprensión ni la capacidad de discernimiento sobre los niveles de riesgo. Tenemos casos en los que las víctimas de feminicidio acudieron al juez o a la Fiscalía y no procedió. Hay un conjunto de falencias aún en los mecanismos establecidos, unos requieren reforma legal para establecer procedimientos, otros procesos de formación.

- ¿Qué dicen las cifras?

- Según las cifras oficiales, desde 2014 son 157 casos atendidos por la Fiscalía y 47 tienen sanción. ¿Qué ha pasado con los 110 casos? ¿Dónde están? Hablamos de unos niveles de impunidad que habría que preguntarse por qué están ocurriendo.

- ¿Qué tan importante es el lenguaje? ¿Por qué no llamar violencia machista a los femicidios?

- Femicidio es la figura que se establece como el asesinato de mujeres por el hecho de serlo. Es una caracterización muy importante. El segundo aspecto, son los problemas que están en el contexto del asesinato: qué pasó, el grado de ensañamiento, la forma, el contexto familiar. No todos son iguales.

- Las cifras oficiales son alarmantes, pero las autoridades dicen que es porque ahora hay más denuncias. ¿Es así?

- Suceden las dos cosas. Hay que reconocer el fenómeno en un marco de inseguridad general, de recrudecimiento de valores que están acentuando, que están en pugna, valores machistas, misóginos, que no quieren permitir la participación libre y autónoma de las mujeres en los distintos ámbitos. No soportan esta idea, este miedo se convierte en más violencia psicológica o física que llega al femicidio.

- Hay campañas por visibilizar la violencia contra las mujeres, ¿ayudan a frenar el delito?

- Hay un modelo de sociedad, económico y político que está basado en la autoridad patriarcal. Si no hay una decisión política de atacar el problema, es muy difícil. En el caso de las mujeres defensoras de la naturaleza, que participaron en las movilizaciones, fueron agredidas, arrastradas desde las partes íntimas de sus cuerpos, vejadas de una manera feroz, amedrentadas para que no levanten su voz.

- ¿Pero las campañas, por ejemplo, en redes sociales aportan?

- Es que hay un tema de cambio cultural. Las campañas contribuyen de alguna manera, pero no son la solución que es un cambio estructural en la política pública de educación.

- ¿Seguimos siendo una sociedad machista?

- Por supuesto y este no es un tema que se va a cambiar con un Gobierno o con un período de 10 años, es cultural.

- ¿Además de la violencia, en que otros ámbitos se evidencia la diferencia entre hombres y mujeres?

- En todos. Todavía tenemos, por ejemplo, brechas salariales: si hombres y mujeres hacemos el mismo tipo de trabajo, el del hombre es mejor remunerado.

- ¿La violencia machista y la intrafamiliar son exclusivas de un segmento de la sociedad? Se asocia con los grupos de menos ingresos.

- No. Es un problema que permea todos los sectores sociales, aunque en el registro de la encuesta nacional de violencia sí tiene una prevalencia mayor entre la población indígena y afroecuatoriana.

- ¿En la clase media-alta hay menos denuncias por miedo a perder un estatus?

- Hay una valoración que termina por sacrificar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia: se autoinmolan, se culpabilizan.

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