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La revolucion traicionada
Cincuenta años atrás estalló la revolución en Francia, entre los obreros, los estudiantes, hasta en lo más profundo del pueblo francés. Fue una expresión de crisis económica, de crisis de la universidad y de crisis de valores. Se pensó que todo era posible. El Mayo francés es ya un mito, una leyenda, una expresión de frustración e ira contenida, pero también de grandes decepciones. Como en toda revolución.
Fue la revolución de la esperanza, con Jean-Paul Sartre de ideólogo y activista, junto con Simone de Beauvoir acompañando a los estudiantes en las marchas. Fue la revolución de las consignas: “la imaginación al poder”, “prohibido prohibir”, “seamos realistas, pidamos lo imposible” y también de la frustración: “vuelta a la normalidad”, representada como una manada de ovejas.
Pero sucedió lo inevitable. Las formaciones políticas, desde la derecha hasta la izquierda, la atacaron y frustraron. El golpe de gracia lo dio Georges Marchais, líder del Partido Comunista francés, para quien eran “falsos revolucionarios que hay que desenmascarar” (¿infantilistas de izquierda?). Mientras desde la prensa fascista se atacaba a Daniel Cohn-Bendit, líder del movimiento, por su condición de judío. El anarquista Danny el Rojo fue expulsado de Francia, y se reconvirtió luego en reformista ecologista y eurodiputado.
Si mayo fue la ilusión, junio fue la frustración. Se regresó al “statu quo” y a la mediocridad. Fue un llamado a la revolución y a la esperanza, a diferencia de aquí, que hasta eso perdimos.
Años más tarde la revolución se utiliza como pretexto para lo mismo de siempre. Con consignas vacías y repetitivas (además de poco originales). Goebbles decía que una mentira dicha mil veces se convierte en verdad. Y lo repitieron hasta el cansancio, pretendiendo que creyéramos que eran revolucionarios... de manos limpias y corazones ardientes. Al igual que en Francia, la decepción llegó. Los progres de antes, hoy son “niños bien”. Como decía Juan Carlos Senante: “tú tranquila niña progre, el pasado no te estorbe, que ahora eres niña bien, pero eres pobre también”.