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El reves y el derecho

No es extraño que dos vidas que forjaron su unión para luchar por un proyecto político en beneficio de su sociedad, abandonen su paralelismo y se conviertan en el revés y el derecho de un mismo tejido: el revés, tosco, grosero e incluso tóxico; el derecho, pidiendo confianza y prometiendo paz a una sociedad a la que ambos juraron servir. Sus principios morales y su particularísimas conductas chocaron entre sí; y aquello que en un principio anunciaba ser paralelo y uniforme, se transformó en divorcio y animadversión.
Albert Camus escribió un ensayo al que calificó como la fuente que alimentó toda su vida para hacer de él lo que era. Cuando la fuente se seca -afirmaba- su obra se endurece, se agrieta ...y el hombre, ya en declive, está maduro para el silencio y ser olvidado. Juzgados en función de sus conductas para con el pueblo al que juraron servir, es fácil concluir que Correa representa el revés, el hombre a olvidar, y que Moreno encarna el derecho. El primero desbordando agresividad, escupiendo denuestos, y el segundo insistiendo en su tolerancia y respeto para con sus gobernados. No tardó Moreno en prevalecer sobre Correa y debemos felicitarnos por los beneficios que esa victoria personal representa para un mejor vivir de los ecuatorianos. La contienda entre Moreno y Correa se circunscribió al campo de lo moral y su tema nuclear fue la descarada corrupción del régimen correísta, con la que se empieza a identificar a Correa como coprotagonista.
Fue, pues, un triunfo personal del hombre que luce bueno sobre el belicoso, irrespetuoso y responsable de nuestras desventuras. Pero...
Pero falta aún que conozcamos a cabalidad si el divorcio político y personal de esos mandatarios se extiende a sus concepciones sobre el sistema de gobierno que Moreno nos brindará. Concretamente, conoceremos si Moreno es un socialista marxista y como tal, ciego favorecedor del fracasado estatismo gubernamental, o si introducirá reformas que apunten al real desarrollo de un Estado verdaderamente democrático. Sabremos si se empecinará en el seguro fracaso socialista saturado de dogmas ideológicos e implementado por revolucionarios carentes de idoneidad y solidarios con el ejemplo de gobernantes estúpidos como Maduro.
Moreno ha superado exitosamente el escollo político personificado por Correa y su reinado de abusos y despilfarros sustentados en una falsa concepción de justicia social que solo logró institucionalizar la injusticia. Durante diez años fue un lugar común incurrir en injusticias mientras se hablaba de la justicia metiendo con descaro la mano en ella. Hoy, Moreno debe estar atravesando una tormenta mental. Su plan de desarrollo económico amenaza ser una réplica del llevado por Correa, al mantener adheridos a su gobierno a unos cuantos revolucionarios conservadores del desastre. Siendo un país petrolero, producimos una gasolina a un costo superior al precio internacional; tenemos una aerolínea nacional dando pasos certeros a la quiebra. Y sin abundar en detalles sobre estas emblemáticas muestras de nuestra sublimada soberanía, hoy se ha hecho conciencia de que las llamadas áreas estratégicas requieren también de una cirugía mayor y del auxilio de capitales, dinamia y tecnología privados. El “deber ser” no atiende dogmas y el afán de mantener al Estado como único actor del desarrollo es perverso para un país rico, lleno de pobres.