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Un respiro para la frontera
La expectativa y la esperanza de mejores días en la frontera norte son grandes en las poblaciones que están al filo del límite internacional entre Ecuador y Colombia. No solo porque se está a las puertas de la firma de un acuerdo de paz entre el Gobie

La expectativa y la esperanza de mejores días en la frontera norte son grandes en las poblaciones que están al filo del límite internacional entre Ecuador y Colombia. No solo porque se está a las puertas de la firma de un acuerdo de paz entre el Gobierno del vecino país y la guerrilla de las FARC, sino por el anunciado proceso de diálogo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el reforzamiento militar que ha comenzado a llegar.
“Nos sentimos más seguros ahora. Tenemos vigilancia militar y un destacamento policial”, dijo ayer Fidel Paguay, presidente del Gobierno Parroquial de Tufiño. Él espera que la ansiada paz llegue pronto a Colombia, con la desmovilización de las guerrillas de las FARC y del ELN, y que esta empuje con fuerza el desarrollo de las poblaciones ecuatorianas y colombianas.
Para patrullar la amplia franja fronteriza ecuatoriana, de 700 kilómetros de longitud, las Fuerzas Armadas han movilizado a 188 militares del Ejército, la Marina y la Aviación, entre el miércoles y el jueves de esta semana, como parte del nuevo refuerzo fronterizo.
El primer grupo de 84 soldados arribó el miércoles a Lago Agrio (Sucumbíos), procedente de Guayaquil, en un Boeing 727-200 de la Fuerza Aérea Ecuatoriana, para reforzar al Batallón 56 que tiene el control de la mayor parte de la provincia de Sucumbíos.
El jueves, otro Boeing 727-200, de matrícula FAE-620, también salió del Puerto Principal con destino a Esmeraldas; esta vez llevando 104 uniformados que se sumaron a la Fuerza de Reacción Rápida de esta provincia fronteriza que, junto a Carchi, limitan con el departamento colombiano de Nariño.
Otros vuelos han sido programados para las siguientes semanas, para transportar más soldados hacia la frontera, dentro del proceso de reforzamiento anunciado por el Gobierno ecuatoriano.
Sus labores incluyen actividades operacionales como el control de carreteras, seguridad hidrocarburífera, patrullajes antidelincuenciales y el control de armas.
En los Gobiernos Parroquiales de Tufiño, Chical y Maldonado, comunidades ubicadas en el cordón fronterizo de la provincia de Carchi con el departamento colombiano de Nariño, las autoridades locales aplauden los esfuerzos del Ejército ecuatoriano y del Gobierno del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, para acabar el conflicto interno de más de 50 años que, según dicen, ha frenado el desarrollo en ambos lados de la frontera.
Paguay, de Tufiño, revela que los patrullajes y el anuncio del próximo inicio de los diálogos de paz con el ELN han mermado el miedo que había de que no todos los guerrilleros de las FARC aceptasen el acuerdo de paz, de firmarse, y que pasaran a engrosar las cuadrilllas guerrilleras del Ejército de Liberación Nacional.
“El temor no se ha disipado del todo, pero hace abrigar esperanzas de un futuro de paz y desarrollo”, acota el vicepresidente del Gobierno Parroquial de Chical, Homero Chuga. “Cuando existe un clima de paz todo será mejor”, añade.
“Pero no solo que haya paz sino que aquello se traduzca en un gran impulso para el desarrollo de una zona que ha estado desatendida y que ha sido marcada como violenta”, agrega la exgobernadora de Carchi, Laura Mafla.
“Ese desarrollo está en el turismo”, reafirma el promotor cultural de la parroquia Maldonado, Porfirio Guis Salazar. Porque los ciudadanos ya no tendrán miedo a visitar la zona y eso ayudará a que despegue el turismo.