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El regreso a la Asamblea de la prensa independiente

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Todos los periodistas querían hacerle la misma pregunta a la primera dama de Venezuela y diputada por el Estado de Cojedes, Cilia Flores, pero solo uno de ellos tuvo el privilegio. El chavismo, poco acostumbrado a las interrogantes incómodas, tuvo que moverse el martes cada palmo de la Asamblea Nacional con la molesta presencia de la prensa independiente venezolana, que había sido expulsada por ellos hace cinco años. Si para los diputados opositores fue un día de fiesta para los periodistas también. Muchos se tomaban fotografías y grababan vídeos en la entrada del hemiciclo con un júbilo discreto. No es poca cosa volver al Parlamento. Es quizá el único sitio de trabajo donde es posible obtener respuestas de voceros chavistas. Pero para llegar hasta ahí tuvieron que sortear un férreo dispositivo de seguridad diseñado para la ocasión. A las ocho de la mañana, los reporteros se presentaron con las credenciales expedidas por sus medios para salvar los cordones de la Policía Nacional Bolivariana y de la Guardia Nacional (policía militarizada). La víspera, la jefatura de prensa de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que coordinó el operativo de acreditación, había pedido los datos de todos aquellos que querían asistir y de antemano pidió comprensión a las limitaciones del espacio. Se recibieron más de 400 solicitudes. Era evidente que no todos podían entrar al hemiciclo, pero se daban por satisfechos con solo pisar el edificio. Los obstáculos comenzaron en 2008, con el impedimento de ingresar cámaras de televisión al hemiciclo por órdenes de la entonces presidenta del Parlamento Cilia Flores. Aquel año, en pleno debate, un equipo de un medio audiovisual había cometido la travesura de tomar un primer plano de la pantalla del ordenador de un parlamentario chavista, que observaba -dijo después el avergonzado hombre- una presentación sobre el cáncer de seno. Lo que en realidad vieron los televidentes de ese canal fue el perfil turgente de una mujer. Pero las llaves se cerraron definitivamente al comienzo de la anterior legislatura (2011-2016). El Parlamento terminó prohibiendo que los periodistas circularan entre las curules o siquiera ocuparan un lugar en el palco reservado para la prensa. La Asamblea Nacional, con una señal abierta, era la única autorizada para emitir en directo las sesiones. El asambleísta chavista Darío Flores controlaba la televisora como si fuera el propio coto del chavismo. La oposición era constantemente vilipendiada y se ocultaron muchas protestas, y las golpizas que recibía con los ardides de la edición. La voz dominante era la del presidente del Parlamento y número dos del régimen, Diosdado Cabello. Sentados en los jardines del palacio, un grupo de periodistas recordaba todas esas anécdotas. Estaba, por ejemplo, Cecilia Caione, exreportera del diario venezolano El Nacional, quien denunció hace ocho años la presencia de los familiares de la hoy primera dama en cargos administrativos clave del Parlamento. Después de ser acosada por Flores, Caione vendió su piso en Caracas y se mudó a la Isla de Margarita. El martes no tuvo ocasión de toparse con la primera dama; tampoco quería. Flores salió del hemiciclo entre el grupo chavista que decidió abandonar la sesión por no estar de acuerdo con los procedimientos seguidos por la nueva directiva opositora para llevar el debate. Se puso a salvo, al lado de Cabello y en medio de guardaespaldas. Pero en el camino hacia una de las oficinas del hemiciclo Víctor Amaya, reportero del diario Tal Cual, logró atajarla con una pregunta: “Diputada, ¿en algún momento va a declarar sobre los narcosobrinos”? Ha callado desde principios de diciembre, cuando dos de sus sobrinos fueron detenidos en Nueva York acusados de pretender introducir en EE. UU. un cargamento de cocaína. Con un gesto que pretendió ser cordial, Flores hundió su dedo índice en la barriga del periodista. Y siguió su camino rodeada de guardaespaldas.

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