Recordando a Jaime Roldos

La frágil democracia ecuatoriana empezó a reconstituirse, luego de largos años de dictaduras, en 1979, cuando el Ecuador logró que, tras una década sin poder ejercer su sagrado derecho al voto, fuese la voluntad popular quien designe gobernantes. En esa oportunidad escogió a un binomio constituido por jóvenes profesionales representantes de una nueva generación de políticos: Jaime Roldós Aguilera y Osvaldo Hurtado Larrea. La conformación de dicha fórmula electoral, antes y después de concretarse, no estuvo ajena a toda una serie de los sobresaltos generalmente presentes en las democracias inmaduras -la ecuatoriana sigue siéndolo-, pero una vez consolidada logró en plenitud el favor popular.

Un día como el de ayer, día de la Independencia del Ecuador, y en plenas tensiones fronterizas con el Perú, el avión que con su esposa Martha, el ministro de Defensa y otros funcionarios civiles y militares lo conducía a Macará, se estrelló contra el cerro de Huayrapungo. Toda una serie de conjeturas permanecen aún latentes. Sin poder confirmarlas o negarlas, el hecho cierto es que esas muertes conmocionaron a la República, que expresó multitudinariamente su dolor, al igual que otros pueblos del continente donde el pensamiento y la acción del presidente ecuatoriano habían conquistado simpatías.

La tragedia posibilitó que las sombras de la inestabilidad se presentaran otra vez y fue grande el esfuerzo nacional que debió realizarse para defender la permanencia del recién recuperado régimen de derecho.

Hoy, a treinta y cinco años del lamentable suceso, permanece su esfuerzo pionero en múltiples áreas de las que son propias de todo ejercicio gubernamental que tiene sentido de la historia.

Roldós lo tenía y bien formado, desde sus años de liderazgo estudiantil en que ocupó la más relevante dignidad: presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador, y lo consolidó con el ejercicio de la diputación. Su sentido de la urgencia y honestidad eran parte de esa manera de entender las responsabilidades del poder.

Con la convocatoria que dio lugar a la Carta de Conducta, elaborada en Riobamba, le otorgó relevancia continental a su mandato y signó su voluntad de servir a los más pobres de sus compatriotas desde los primeros días del mismo. Justo es hoy recordarlo con respeto.