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Y ahora, la reconstruccion
La solidaridad, tanto nacional como internacional, es innegable frente a la tragedia que vive el Ecuador como consecuencia del terremoto del 16 de abril. Una vez más se ha puesto de manifiesto que los pueblos son fraternos y que no hay odio entre ellos. Que lamentablemente lo que sí ha existido y existe es que hay gentes que propugnan el odio entre hermanos. Mas, en momentos angustiosos como los que se vive hoy día, sale a la luz el alma noble, humana y fraterna de todos los ecuatorianos. Superados los momentos de angustia hay que abrir los ojos ante la realidad y poner los pies sobre la tierra, para pensar en la tarea de reconstrucción física y humana de los damnificados por el siniestro. Bien vale recordar, entonces lo que sucedió en Ambato luego del terremoto del 5 de agosto de 1949, cuando fueron destruidas las poblaciones de Pelileo, Patate, Píllaro en Tungurahua, Guano en Chimborazo y la ciudad de Ambato. El Gobierno de ese entonces, presidido por Galo Plaza, con visión pragmática planteó, y luego llevó a cabo, la creación de la Junta de Reconstrucción de Tungurahua, destinada exclusivamente para la heroica y suprema tarea de levantar a esos pueblos de entre las cenizas. Eso es lo que corresponde hacer ahora: crear una junta de reconstrucción que debe estar integrada por los representantes populares, los sectores de producción, los representantes de los sectores privados de cada provincia afectada, para que sea esa junta la única que maneje de manera exclusiva los valores que deberán obtenerse, destinados a la reconstrucción, sin necesidad de que esos recursos se confundan con los del erario nacional.
Todos sabemos que esta es una tarea dura, larga y difícil, por lo que pragmáticamente habría que recurrir a los organismos internacionales que cuentan con recursos concretos para estos estados de emergencia. Bien conocemos que las finanzas públicas viven una situación de penuria que impide que se hagan inversiones de gran volumen. Esto motiva la creación de esa junta de reconstrucción, que deberá recurrir tanto al sector privado del país, como al internacional.
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