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Primero el pueblo
No soy defensor del Gobierno. Tampoco hago méritos para acercarme a él. Mis críticas a lo que no está bien, no son precisamente angelicales. Pero estoy seguro de que debilitarlo innecesariamente fortalece al anterior. Del cual, poco a poco -lenta y casi imperceptiblemente-, nos vamos deshaciendo. Así que antes de decir “tongo, aquí no pasa nada, esto es más de lo mismo”, tratemos de ser objetivos, pues no lo somos. Veamos: ¿qué es lo que “sí” ha pasado? Lo digo en términos futbolísticos. Primero, Correa tiene dos delanteros menos: procurador y contralor. Dos a cero. Luego hay que retrotraernos al pasado. La consulta para extirpar el correísmo planteaba un escollo aparentemente insalvable: el dictamen favorable de la Corte Constitucional. Este fue sorteado con pase de profundidad muy hábil que permitió hacer la consulta y, luego, ganarla. Dos goles más. Encima, perdió en la Corte IDH. Quinto gol. Pero acaba de ocurrir el primer fallo de la defensa y la posibilidad del primero en contra. Y no precisamente contra Moreno, sino contra el pueblo: nos consultaron si decidíamos deshacernos de las autoridades correístas por votación popular directa. Pero la ley que envió el Gobierno a la Asamblea establece lo contrario: será el CNE quien seleccione los candidatos. Sería una burla a la voluntad popular. Ni Correa lo hizo. Pero Lenín tiene volantes de contención en la Asamblea. Pueden insertar un artículo que diga: “Los miembros del Consejo serán designados por votación popular directa de entre los candidatos que las organizaciones sociales presenten el día 1 de abril en el CNE con el respaldo personal de cinco mil ciudadanos”. Personas. No firmas. Así el CNE no podrá trampearlas. Y esta es la forma de que vayan ciudadanos al Consejo. Primero el pueblo, después los políticos. Así que al pan, pan; y al vino, vino: Lenín nos quitó de encima a Correa por goleada. Jamás tendremos que soportar otra de sus campañas presidenciales. No hay forma de agradecerle eso. Borrar con el codo lo que escribió con la mano sería un grave error político. De él depende. Ojalá no nos defraude.