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Populismo, ayer y hoy
Casi ninguna democracia occidental está a salvo del populismo de derecha. Pero aunque la retórica populista esté llegando a extremos de agitación, con serias consecuencias entre las que destaca la decisión del Reino Unido de abandonar la UE, lo cierto es que el nativismo que representa es un viejo azote de la política democrática. Los movimientos populistas tienden a centrarse en la acusación. En Europa, esto supone echar la culpa de todos los males a la UE. Hacer frente a las causas complejas de los problemas de la actualidad es difícil; mucho más fácil es acusar a la UE y pintarla como un monstruo. La conmoción que hoy se vive en Europa recuerda el repudio de Edmund Burke en 1790 a la Revolución Francesa como producto de una fe errada en ideas que desafiaron el apego del pueblo a la historia y la tradición. Para los partidarios del Brexit en el RU, el mundo sin fronteras, representado por la UE con su compromiso con la globalización, está destruyendo a la nación-estado y a sus intereses. La última vez que las democracias europeas fueron capturadas por movimientos políticos radicales, en los años 30, la base de apoyo principal de los demagogos fue la vieja clase media baja, cuyos miembros temían quedar desposeídos y arrojados a la pobreza por fuerzas económicas descontroladas. Tras la larga crisis del euro y las penosas medidas de austeridad que siguieron, los populistas actuales han podido apelar a miedos similares, sobre todo los de trabajadores de mayor edad y otros grupos vulnerables. Pero Europa no es el único lugar expuesto al embate populista. En EE.UU, Trump también corre serio riesgo. Presenta una imagen sombría de la vida en los EE.UU. de hoy, y culpa a la globalización. Casi todas las regiones británicas que votaron por el Brexit habían recibido cuantiosos subsidios de la UE. Lo mismo dicen las circunstancias en Alemania. Líderes populistas no dudaron en explotar esta angustia cultural, y llevaron a los británicos a votar contra sus intereses. En vez de hallar soluciones reales, los populistas de hoy, les interesa menos abordar los problemas económicos que usarlos para obtener apoyo para una agenda que implica retrotraer la apertura social y cultural.
Project Syndicate