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PEPITA Y ROBERTO. Una casa de grandes etapas

Luego de vivir más de 20 años en Estados Unidos por negocios familiares, Olga Palacios (Pepita) y Roberto Morán decidieron regresar al país una vez que sus tres hijos se casaron en el extranjero. Vinieron hace 15 años con la ilusión de construir una casa linda donde recibir a la familia. Y así fue. Esta amplia, elegante e imponente vivienda está como perdida en medio del bosque (en las afueras de Guayaquil), rodeada de una variada vegetación que ellos personalmente han plantado y que forma parte de su huerto familiar. “Cerezas, guineo, naranjillas, mangos... Hasta uva española tengo aquí”, explica don Roberto, quien presume de haberlas plantado con sus manos. Y cuando tienen visitas, usan el pequeño viñedo que creó en un rincón de su amplio jardín para los almuerzos familiares.
Aunque la idea original era construir una casa más pequeña, tamaño convencional, Morán relata que casi fueron estafados por el arquitecto encargado, que pidió el triple del material que se requería, y al ver que toda la lista que había pedido fue comprada personalmente por los dueños, abandonó la obra.
Don Roberto reconoce que construir en un lugar tan apartado fue especialmente difícil, pero que encontró a una joven pareja de arquitectos que modificaron y ampliaron los planos originales de tal forma que decidieron hacer una gran casa, y usaron todo el material que ya habían comprado.
“Cuando vi los planos modificados me enamoré del amplio techo, la chimenea, la cocina digna de un gran restaurante, la sala de estar, las amplias habitaciones”, dice Pepita, sin mencionar el hermoso jardín con glorieta incluida, donde desde hace un par de años se celebran las más exclusivas bodas.
Construir el ‘Portal de los Morán’, como ellos llaman a su casa, les tomó dos años. Y amoblar el lugar, dos más. “Los muebles los fabricó un artesano local, con fotos que tomamos a unos muebles hermosos en México”. El artesano los hizo de manera exacta, explica Pepita y dice que hasta la mesa con sus sillas las hizo este artesano, ya retirado. Y aunque le llegó a preocupar que sean víctimas de las polillas, eso no ha sucedido. Pepita y Roberto cuentan que decoraron su casa con algunas obras locales adquiridas en el Centro Artesanal, aunque poseen varias del artista Paco Solá y han decorado un par de muros con las exclusivas alfombras del diseñador Peter Ruckstuhl.
Un jardín de ensueño
“El patio antes tenía césped natural, pero el mantenimiento era muy caro, por lo que decidimos encementarlo, pero quedó poco estético, así que probamos con el césped sintético y nos quedó tan hermoso que decidimos destinar los exteriores de la casa para eventos. Desde hace un par de años aquí se realizan elegantes bodas, es muy demandado por las novias, que separan con mucha anticipación las fechas”, explica Pepita, quien hace 40 años fue una de las primeras ‘wedding planners’ de la ciudad. Aunque es maestra de profesión, se supo desenvolver muy bien en ese ámbito, hasta que se fue con su familia a vivir al exterior.
“Mis años ya no me permiten organizar todos los detalles, así que ofrecimos el espacio a la nueva generación de eventistas y fue un éxito total”, dice la esposa de don Roberto, quien luce contenta en esta nueva etapa.