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Pecados de la lengua
Twiterizados como andamos, por esa vía ha resuelto el presidente Moreno la situación generada por su desafortunado comentario sobre los oncólogos. Por supuesto, rechazándolo por mi parte, no dejo de anotar que me han sorprendido ciertas aireadas reacciones. Ocurre que algunos colegas médicos que debieron haber hablado, y no lo hicieron, durante el régimen anterior, dados los saqueos de que fueron objeto los recursos destinados a la salud pública, ahora son los que más reclaman.
Es evidente que hay un clima que propicia el hacer uso de la libertad de expresión y ello es grato pero, produce cierto escozor ver cómo, según el clima, la gente se muerde la lengua o la mueve con mucha agilidad.
Por mi parte seguiré sosteniendo que la mejor defensa de la libertad de expresión se la hace ejerciéndola. Sin duda, con lealtad a los principios y con la responsabilidad correspondiente a todo aquel que tiene el privilegio de poder hacer oír su pensamiento.
En cualquier caso, broma superada. Yo también he sufrido por no contenerme en mis expresiones verbales, cuando he creído mi deber hacerlo. Lo comprendo, presidente. Uno se desahoga diciendo lo que muchos quieren decir y nadie se atreve a expresar. Pero claro, lo que diga cualquier mortal es una cosa y lo que dice un presidente de la República, otra muy distinta. Ojo entonces, licenciado Moreno: los que estuvieron callados durante una década tienen hoy muchas ganas de manifestarse, y sueltos de lengua expresan lo que antes ni en pesadilla se hubiesen atrevido a pensar, menos a decir. En fin, valga advertir sobre quienes pueden beneficiarse del clima de libertad que ahora existe, cuando hacen crítica del presente olvidando la condena a quien generó el actual descalabro. No se trata de no criticar lo actual pero sí de no propiciar el olvido del cercano ayer que todavía, mayoritariamente, permanece disfrutando de una intolerable impunidad. La espeluznante corrupción que cada día se muestra en toda su crudeza merece una condena permanente.
De cualquier manera, por acción o por omisión, hay que evitar los peligrosos y dañinos pecados de la lengua. ¡Cuidado!