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Una novela experimental que cautivara a los lectores

“La primera vez que vi el nombre de Rudolf Schwarzkolger fue en un libro usado que compré en Vancouver. Se mencionaba a este artista austríaco dentro de una breve nota al pie de página que decía: el carácter patológico del Body Art alcanzó su punto más bajo, esperemos, en 1969 cuando el artista vienés Rudolf Schwarzkolger amputó su propio pene gradualmente, un segmento a la vez, mientras un fotógrafo registraba el evento para la posteridad. Schwarzkolger murió poco después”.
Ese dato curioso, y bastante perturbador, abre ‘Una comunidad abstracta’, obra más reciente del escritor ecuatoriano Jorge Izquierdo Salvador. Es también, un dato falso.
Lo que sí es verdad es que el autor se topó con él en un libro usado que adquirió en Vancouver. El ejemplar era uno de la prestigiosa casa editorial Penguin, y sin embargo, ahí estaba, un rumor plasmado como real y preservado para la posteridad.
“Me pareció curioso entonces empecé a investigar y resultó que esa noticia había sido una farsa. Era un libro de una buena editorial, pero tenía ese error. Empecé a pensar en cuántos libros tendrían otros errores parecidos y así me metí en el mundo de las citas”, comentó el autor.
Y es que ‘Una comunidad abstracta’ no es una novela en el sentido tradicional de la palabra. Tiene un personaje, sí, pero es, sobre todo, un libro de datos y de citas que, articuladas entre si le dan un sentido al texto. Las citas, además, son una especie de autorretrato del narrador, de quien, sin embargo, sabemos muy poco conforme avanza este libro de tan solo 94 páginas.
La poca información que tenemos sobre el narrador fue deliberado. ¿Por qué?
“Empecé a tenerle rechazo a la trama y a la construcción del personaje. No quería que tuviese un protagonista en sí, pero este se impuso. Lo que sucede es que el personaje se acerca mucho a mí mismo. Cambié ciertas cosas porque no quería acercarme una vez más al cliché del estudiante latinoamericano que se encuentra en el extranjero haciendo un doctorado en literatura”, estableció Izquierdo.
Es así que lo único que sabemos del narrador es que es un artista que pasó una temporada en Vancouver con una beca de investigación, que tuvo un hijo a los 24 años y que tuvo un perro que se perdió en las faldas de una montaña.
No obstante, la falta de información e interacción con este personaje es innecesario pues la serie de citas y datos logran cautivar al lector y, en estos tiempos de auge tecnológico, mandarlos directo a Wikipedia.
Lo que sí acepta Izquierdo es que, debido a la trama experimental, le costó hallar una editorial que lo publicara, pese a que esta había quedado en la lista de finalistas del Premio Heralde.
“Lo mandé a unas veinte editoriales en varios países. Hubo varios rechazos, porque temían que no se iba a vender. Yo sabía que esa era una posibilidad. No es un best seller”.
Finalmente la publicación se llevó a cabo con la editorial guayaquileña Cadáver Exquisito, dentro del sello Cajas Chinas.
No obstante, la obra es parte de una trilogía. Espera publicar la siguiente obra en 2017. Esta ya está escrita y fue también finalista del Heralde en 2015.
Esta, titulada ‘Te faruru’, está tejida por una serie de citas que tienen relación con el arte producido en Uruguay en la década de los 30 y 40, y es también un homenaje a su abuela, la escritora Teresa Crespo Toral, de quien dice fue la persona que más lo indujo hacia el arte.