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Un nino lleva 29 meses dormido; el caso se indaga
Estaban a unos pasos de la puerta de salida cuando, según ellos, una enfermera los llamó y vacunó al niño.

“Vámonos, otro día venimos”, instó ‘Mario’ (nombre protegido) a su esposa ‘Grecia’, quien llevaba más de media hora esperando con su hijo en brazos para que lo vacunaran en un centro de salud de Mapasingue, norte de Guayaquil.
Estaban a unos pasos de la puerta de salida cuando, según ellos, una enfermera los llamó y vacunó al niño. Hoy, con tristeza e impotencia, este padre de familia quiere retroceder en el tiempo y ‘borrar’ ese episodio del 10 de abril del 2014.
Para él, “ese mal momento” privó al tercero de sus tres hijos y varón de volver a comer, reír, jugar, correr... El niño permanece como dormido, imposibilitado. En la cartilla de vacunación tiene registrado que le aplicaron una dosis contra el neumococo. ‘Mario’ sospecha que esa vacuna originó el calvario que han vivido en estos 29 meses.
Al día siguiente del pinchazo notaron al bebé decaído, sin querer probar bocado. Tenía fiebre. Con el pasar de las horas la temperatura aumentó.
Los padres acudieron a un médico, después a otro dispensario y a los siete días, llenos de angustia, a un hospital de niños donde quedó internado.
“Cuando ingresó al hospital, mi niño empezó a tener convulsiones y le aplicaron una inyección. Luego presentó otra crisis. Se le inflamó el tórax. Un doctor dijo que le estaba dando un infarto, se le acercó, cerró la cortina y lo indujeron al coma. Dos horas después mi hijo estaba como muerto...”, asevera ‘Mario’.
Según él, después de “más de cien días hospitalizado”, le entregaron al pequeño “en ese estado”. Solo respira y diariamente le dan crisis epilépticas... Me dijeron que mi hijo tendría unos tres días de vida”, subraya. Cada segundo que el niño respira es un milagro para ellos.
Pese a ganar un sueldo básico como mensajero en una empresa, el padre se propuso darlo todo para la recuperación de su vástago. De alguna forma su dolor se convirtió en aliento.
Buscó asistencia particular con un neurólogo pediatra, una masajista y un endocrinólogo para valorarlo periódicamente. En esos nuevos chequeos, añade, descubrieron que el niño presentaba “una fractura en el maxilar”. Sospechan que pudo deberse “a alguna abrupta manipulación”.
Por la condición de su criatura, hicieron mejoras en la vivienda y se turnan para vigilar su sueño y estar pendientes de las convulsiones.
Al tiempo que aprendía a cuidar a su niño, ‘Mario’ insistió en buscar la razón de su incapacidad. Un médico le comentó que podría ser un efecto de la vacuna; otro, que podía deberse a un defecto congénito o por la varicela-zóster. Incluso lo señalaron de “negligente” por no haber llevado a su niño a tiempo a otro doctor.
‘Mario’ denunció lo que considera una presunta “mala práctica” ante el Ministerio de Salud y la Fiscalía. También pidió veeduría en la Defensoría del Pueblo.
El Ministerio Público, el 9 de septiembre de 2014, inició la indagación previa por el presunto delito de lesiones, proceso que aún es reservado. En el expediente del caso, de cinco cuerpos y que lleva el fiscal Nicolás Pulecio, constan las versiones de una docena de profesionales. Entre ellos, la del director técnico del hospital donde el niño estuvo internado.
El pasado 16 de julio el fiscal pidió al Colegio de Médicos del Guayas una nómina de expertos para que hagan una valoración al paciente. Aún falta por definir quiénes se encargarán de la diligencia. Tal vez entonces se pueda arrojar un poco de luz sobre el drama que padecen ‘Mario’ y ‘Grecia’.