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Una vista a la cubierta del buque oceanográfico ‘Hespérides’, en aguas chilenas, camino al sur.RODRIGO SAEZ

La casa flotante que recorre los polos

El buque oceanográfico de la Armada de España, ‘Hespérides’, es la única embarcación científica española capaz de surcar los polos de ambos hemisferios del planeta, y cada año lo utilizan decenas de científicos nacionales e internacionales para sus estudios. 

La embarcación hará este año su vigesimoséptima expedición a la Antártica, con cinco proyectos científicos, tal y como explica el alférez de navío, Pelayo Giménez, desde la ciudad de Punta Arenas (sur de Chile), donde el buque amarró el 8 de diciembre en su última parada antes de zarpar.

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El ‘Hespérides’ se construyó en 1988, detalla Giménez, por las necesidades que sentía el gremio científico y la Armada de tener una plataforma marina científica propia que fuese más allá del puro apoyo logístico a las bases españolas en la Antártica. Tres años después comenzó a hacer campañas oceanográficas, sobre todo al continente helado. La Armada, que copa buena parte de la tripulación del ‘Hespérides’, cumple la función de preparar la infraestructura para el trabajo de los científicos a bordo y de las bases de tierra.

Tiene capacidad de albergar hasta un máximo de 55 militares y 37 científicos y, a pesar de que la logística de las bases terrestres de la Antártica es una de las funciones más importantes de la embarcación, dispone a bordo de 11 laboratorios.

“Los que han viajado muchas veces a la Antártica dicen que el continente helado engancha”.

Pelayo Giménez, alférez de navío.

Para Giménez Pelayo, el ‘Hespérides’ y la Antártica se convirtieron en una segunda casa: “Los que han viajado muchas veces a la Antártica dicen que el continente helado engancha”. En su caso, este año es la segunda vez que baja al sur del mundo y lo hace, según describe, con mayor ilusión que la primera vez, cuando tenía más intriga por lo desconocido.

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El ‘Hespérides’ está preparado para pasar semanas sin tocar tierra y por eso no solo tiene espacios para el trabajo; dispone también de gimnasio y salas donde los tripulantes se reúnen para pasar el rato. “Tienes que llevarte bien con el resto de la tripulación, y para eso hay que pasar tiempo juntos”, dice el alférez de navío, quien también practica una hora de deporte al día, minutos sagrados para él que le ayudan a desconectarse de su rutina de trabajo.

El nombre del buque viene de unas ninfas de la cultura griega llamadas Hespérides, que custodiaban un árbol que daba ‘frutos de la sabiduría’ en un jardín que los escritos sitúan en la zona sur de la península Ibérica.

El buque es la casa de decenas de científicos que cada año van a la Antártica. En la inmensa blancura del continente helado, el ‘Hespérides’ resguarda y posibilita los proyectos científicos, como las ninfas que custodiaban los frutos de la sabiduría.