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Otra mirada al crimen literario mas famoso
En el escrito, Hickock se sumerge en la noche del 15 de noviembre de 1959 con la misma frialdad que en la novela de Capote.

Truman Capote tuvo competencia en el corredor de la muerte. Antes de ser ahorcado, Richard Hickock, uno de los dos asesinos retratados en su novela ‘A sangre fría’, escribió su propia versión de la matanza de la familia Clutter. Pero el texto, de unas 200 páginas, nunca llegó a publicarse.
Mientras la reconstrucción de Capote, símbolo máximo del Nuevo Periodismo, alcanzaba la gloria, el relato que hizo el criminal sobre los mismos hechos se perdió en la corriente de los días. A ello contribuyó el propio Capote. Megalómano y ferozmente competitivo, al conocer la existencia del manuscrito intentó comprarlo y, tras fracasar, lo silenció. Durante medio siglo, la versión del asesino permaneció olvidada hasta que una investigación de The Wall Street Journal la ha vuelto a sacar a la luz.
En el escrito, Hickock se sumerge en la noche del 15 de noviembre de 1959 con la misma frialdad que en la novela de Capote. No hay arrepentimiento ni ocultación. Detalla el terror de los Clutter, padre, madre y dos hijos adolescentes, al verse sorprendidos en su solitaria granja de Holcomb (Kansas), y cómo él y su compañero Perry Smith los engañaron hasta el último momento asegurándoles que no les pasaría nada. “Me gustaría ver al embalsamador tapar ese agujero”, recuerda Hickock que dijo después de que Kenyon Clutter, de 15 años, recibiese un tiro en el rostro.
La gran diferencia entre ambos relatos radica en el móvil. En su reconstrucción, según la copia a la que ha tenido acceso el diario estadounidense, Hickock sostiene que fue un crimen por encargo. No ofrece muchos detalles. Esta versión choca con la asumida por el juez, y por Capote, que establece que Hickock y Perry acudieron a la granja convencidos de que el padre ocultaba 10.000 dólares. Al no hallarlos, acabaron con toda la familia.
Alph Voss, profesor de la Universidad de Alabama y autor del referencial estudio Truman Capote y el legado de ‘A sangre fría’ considera que la versión del asesino no aporta nada nuevo a la literatura.
“Hickock se desencantó con Capote. Cuando el escritor empezó a visitarle en la cárcel, creyó que le iba a ayudar. Y cuando vio que no, buscó su propia vía para ganar dinero”.
El asesino escribió el manuscrito y lo envió a un periodista llamado Mack Nations.
Este, a su vez envió dos copias, una a un abogado de la fiscalía. La otra la remitió a la editorial Random House. Ninguno de los intentos prosperó.
Justo en esas fechas, Nations fue detenido por evasión de impuestos y soborno. Lo único que llegó a salir publicado de Hickock fue un resumen en una revista ya extinta.
A partir de ahí los hechos se precipitaron. El 14 de abril de 1965, Perry y Hickock fueron ahorcados con 38 minutos de diferencia en la penitenciaría estatal de Kansas. Al año siguiente, ‘A sangre fría’ alcanzó fama mundial. Nations murió en 1968. La única copia que sobrevivió fue la que el abogado de la fiscalía legó a su hijo.
Capote nunca hizo referencia al escrito. Como muchas cosas en su obra, las dejó en la oscuridad. “Moldeó la realidad a su narrativa y evitó la parte homosexual de la historia, la relación entre Perry y Hickock, porque sabía que era contraria a sus deseos de lograr un best seller. Pero eso no quita valor a la novela. 58 años después, usted y yo seguimos hablando de los Clutter”, señala Voss.
La familia del abogado no ha indicado qué piensa hacer con el texto. De momento, nadie quiere la obra de un asesino.
Una novela que perdura
A cincuenta y un años desde su aparición, ‘A sangre fría’, aún es una novela relevante. Traducida a más de treinta idiomas y con millones de ventas a nivel mundial, la obra, a más de un ‘best seller’ es también un texto consagrado en la enseñanza del periodismo.
Pese a esto y por el constante contacto con los asesinos que protagonizan la historia, Capote llamaba a esta “la novela que me mató”. Este culpaba al libro de su ruina, de sus adicciones, de sus miserias y de no haberle permitido emprender el camino de una nueva publicación de largo aliento.