Actividad. Las lanchas también transportan personas y mercancías.

El miedo no se ahoga en el mar de San Lorenzo

El toque de queda para la población en general comienza a las 22:00 y se levanta a las cinco de la madrugada.

Una pequeña fila se formó en las afueras de la capitanía de San Lorenzo, en Esmeraldas. Son pescadores en busca de documentación para navegar sin contratiempos en estos tiempos tan violentos.

Los marineros esmeraldeños también resultaron afectados por la ola de atentados en el cantón. Con el toque de queda, ya no es posible zarpar con calma hasta altas horas de la noche o la madrugada.

Aldair Caicedo ha tenido que adaptarse a las órdenes que se dieron luego de las muertes y explosiones registradas en los últimos meses. Su horario de labores empieza a las cuatro de la tarde y culmina a las cinco de la mañana del siguiente día.

Para ello, tuvo que actualizar sus papeles y justificar su trabajo en esas horas que coinciden con el toque de queda impuesto en el cantón.

Caicedo sí trabaja con miedo, como todos los habitantes ahora mismo en los límites con Colombia. En esa zona se comenta, pero en voz baja, sobre la presencia de los responsables de los ataques durante los primeros tres meses del año, así como de la captura de un equipo periodístico quiteño.

Francisco Vinueza, capitán de puerto de San Lorenzo, dijo que las disposiciones surgidas en la reunión del Comité de Operaciones de Emergencia (COE) de los cantones de Eloy Alfaro y San Lorenzo señalaban que el toque de queda se mantendría. Las embarcaciones tienen la autorización de transitar normalmente desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, con la luz del día.

Si hay alguna de estas que tenga que salir por emergencias en la noche o madrugada, deben acudir a los retenes o a la capitanía para registrar su partida. Asimismo, Vinueza explicó que todas las naves deben contar con el salvoconducto de movilidad en la parte marítima para hacerse a la mar.

Los barcos pesqueros que por sus faenas tengan que salir dependiendo de la marea o la luna, tienen que también acercarse a la capitanía para sellar un documento con el fin de conocer esas actividades. “Eso servirá para que se presente durante los controles que hagamos”, comentó.

Además, cuando hagan sus viajes, los tripulantes deben tener el zarpe (papel) y la matrícula del motorista y marinero o pescador artesanal. Si no se acatan estas disposiciones, serán citados y los botes llevados a la capitanía más cercana.

“En caso de que no se respete, la gente indocumentada será entregada a la autoridad competente”, acotó el oficial. En el puerto hay un registro de 2.700 embarcaciones que se dedican a la pesca o al transporte de carga y pasajeros.

Para Darwin Estacio, otro motorista, el temor ha provocado que sus clientes ya no reclamen sus servicios. Él pesca, pero también traslada gente o mercancía y, debido a esa incertidumbre, los usuarios ya no quieren salir de los poblados hasta San Lorenzo.

Él se lanzó a la mar desde los 15 años (ahora tiene 34) y sus cuatro hijos dependen de esas faenas. Ahora el dinero no alcanza y se preocupa porque uno de sus descendientes ya mismo ingresa a la universidad.