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La mentira: instrumento de accion politica
ni lo piense, estimado lector. Jamás podría ser la intención del presente cañonazo inducir a creer que solo en política se miente. Lo que ocurre es que los más notables embustes de estos días ocurren en el terreno de la política, en ámbito mundial y nacional.
Lo del presidente de Bolivia, Evo Morales, y su hijo con la señora Zapata, por ejemplo, se convierte en culebrón. Todo un pueblo se entera de una situación que probablemente pocos conocían. Una vez hecha pública, se la enreda. El hijo nace en distintas fechas y muere, pero no ha muerto. El único hecho comprobable es el de los grandes contratos con empresas chinas. ¿Ocurrió un tráfico de influencias auspiciado por el presidente Morales o todo sucedió sin su conocimiento? Vaya uno a saberlo. Para fines de opinión pública la señora Zapata está presa, Evo quiere conocer a su hijo pero no sabe si vive o muere, o si es su hijo.
La corrupción ha dado lugar a manipulaciones que no respetan nada. La ganancia es la única norma a seguir. El socialismo del siglo XXI devino en un buen mecanismo para hacer negocios.
En Brasilia la mentira tiene otros matices. En ese país todo es más grande. Incluidos los ídolos que de pronto caen. El liderazgo de Lula luce súbitamente apolillado y apena. El ascenso del obrero que llegó a presidente, de leyenda romántica pasó a incrementar la tradición latinoamericana de los peores momentos de la pérdida de los valores. La corrupción está en el origen de todas las mentiras fantasiosas de los “proyectos” de nuevos países. Veamos sino la situación en la Argentina, con el agregado del crimen, que luego se adoba con mentiras. Nada se respeta, insisto, en el afán por acumular fortunas. Bien lo decía uno de esos dirigentes: “para hacer política primero hay que hacer plata.”
Por acá, entre nosotros, la mentira tiene otros mecanismos. Se coarta, cínicamente, la posibilidad de buscar la verdad acusando de mentirosos y corruptos a quienes podrían esgrimirla. Se pretende intimidar exigiendo rectificaciones. Se impone contrastar las informaciones y se niega oficialmente entregarlas. Así vamos.
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