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Diario Expreso Ecuador

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Los medios en la era digital

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El último par de años no han sido buenos para la libertad de expresión. Los gobiernos de Polonia, Hungría y Turquía se han vuelto cada vez más autoritarios y -como en los Balcanes, China y Rusia- cada vez más ansiosos por controlar el discurso público. También en EE. UU. el presidente Trump es implacable en sus intentos por desacreditar a los medios y no hay antecedentes de una administración tan inaccesible a la prensa. La era de censores que editaban físicamente los periódicos, como en Vietnam y Birmania, prácticamente terminó, pero la libertad de prensa sigue siendo sumamente vulnerable en tanto gobiernos e “intereses creados entrelazados con la política” (según la politóloga Alina Mungiu-Pippidi) ejercen un control blando que se puede describir como “captura de los medios”: los líderes políticos directamente son dueños de los medios (Silvio Berlusconi en Italia) o garantizan que sus directores les sean leales a través del favoritismo o castigo. Los líderes también pueden intentar controlar el discurso negándoles el acceso a organizaciones de medios potencialmente críticas, como en EE. UU. y, más agresivamente en Venezuela, bajo el régimen de Maduro. Esa captura de medios es vital para que los gobiernos puedan sustentar el respaldo público, especialmente aquellos que aspiran a implementar políticas impopulares. La campaña de Trump contra “los medios de noticias falsas” le ha permitido retener lealtad de gran parte de sus seguidores, a pesar de revelaciones que habrían sepultado a cualquier otro político estadounidense. Así como la captura de medios moldea las percepciones públicas, también puede forjar los resultados económicos. La economista María Petrova sostiene que la captura de medios puede fomentar la desigualdad, sobre todo si los ricos la hacen. Se suponía que Internet nos liberaría de ella, al menos a quienes viven en países sin censura “online” manifiesta. Cuando cayeron las barreras de acceso se pensó que la proliferación de medios haría difícil que se los pudiera capturar a todos. Incluso si algunos fueran capturados, los medios de todas maneras podrían seguir siendo guardianes efectivos, siempre y cuando hubiera diversidad suficiente. La suposición de que una mayor competencia podía traducirse en noticias de mejor calidad sustentaba esta expectativa. Quizá sucedió lo contrario. El crecimiento de medios digitales hizo que los modelos de negocios de medios tradicionales resultaran insostenibles. Los anunciantes migraron a Internet, donde la publicidad es barata, y los consumidores, con opciones gratuitas aparentemente infinitas, pasaron a mostrarse más reticentes a pagar por contenido. En consecuencia, los medios tradicionales sufrieron caídas precipitosas de ingresos y pérdidas de empleos en gran escala. Los recursos menguantes minaron la calidad de la cobertura periodística, en especial en muchos medios agobiados por falta de dinero. Esto promovió la captura de otra manera: alteró los incentivos para ser dueño de un medio. Si un diario no ofrece demasiado en retornos económicos, el principal aliciente para comprar o dirigir uno pasa a ser la influencia. Los medios de comunicación libres y saludables son esenciales para una democracia que funciona correctamente. Si queremos proteger esta democracia, debemos defender los medios a cualquier costo.

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