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Con la maternidad, tambien se van los negocios vecinos

Es una realidad. En la maternidad Enrique Sotomayor -que el pasado martes cerró oficialmente sus puertas- no solo su personal médico siente nostalgia. Los comerciantes, esos vecinos que estuvieron prestos a cubrir las necesidades de los pacientes, tamb

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Es una realidad. En la maternidad Enrique Sotomayor -que el pasado martes cerró oficialmente sus puertas- no solo su personal médico siente nostalgia. Los comerciantes, esos vecinos que estuvieron prestos a cubrir las necesidades de los pacientes, también se sienten afectados.

Ellos, que tienen sus locales ubicados en Pedro Pablo Gómez entre Pío Montúfar y 6 de Marzo, oscilan entre la nostalgia y el pesimismo. “Pena porque ya no veremos a los doctores y futuras mamitas rondando por aquí, y temor, muchísimo temor porque seguramente vamos a quebrar”.

Así opina Zoila Chacón, propietaria del bazar ‘Novedades de Rocío’ y de un garaje asentado en el lugar desde hace dos décadas. El cambio de casa lo hicieron hace apenas unos tres días, explica, y las bajas en las ventas ya se hicieron presentes. Ha vendido, entre miércoles y jueves, apenas una colcha y una pijama de bebé. Ella paga $ 1.200 mensuales por el arriendo de ambos establecimientos y considera que ahora no los obtendrá.

¿Qué hará? Pretende seguir a los que fueron sus clientes por años. Está buscando un local en la ciudadela Atarazana, frente o cerca del Hospital de la Mujer Alfredo G. Paulson, situado junto al centro pediátrico Roberto Gilbert. Pero si no lo encuentra, precisa -al igual que Marco Calderón, propietario de una panadería-, cerrará el almacén.

Rebeca Ramos, propietaria desde hace 40 años de ‘Confecciones Ramos’, un espacio por el que paga $ 800 mensuales y en el que expende ropa infantil fabricada por ella, corre otra suerte. Ya cuenta con un local en el norte (en la avenida Roberto Gilbert, frente al nuevo hospital) y se cambiará en las próximas semanas. Aún analiza si el actual lo mantendrá: “Depende de las ganancias”.

En el norte de la ciudad, los comerciantes en la Atarazana están contentos. Consideran que la llegada del Paulson los beneficiará.

Para los nuevos vecinos, no todo ha sido fácil, pues algunos inquilinos como los guayaquileños Luis Cabello y Martha Loaiza tuvieron que pagar el alquiler desde hace un año -aún sin saber qué servicio ofrecerán- para no perder su puesto. Han cancelado, desde febrero del 2015, $ 600 y $ 500 respectivamente, cada mes.

Ana María Segura, dueña de ‘Pañalera Luma’, hizo algo similar. Instaló su negocio en marzo pasado y desde entonces ha esperado que la suerte toque su puerta. “Pasé días malísimos”, precisa, “con la llegada del nuevo centro sé que todo mejorará...”.

Al momento el arriendo que ellos pagan no se ha elevado porque el contrato contempló el crecimiento comercial que traería el nuevo hospital. Lo mismo pasa con las casas que por allí se rentan. Conservan los precios de hace 12 meses. Los interesados prevén ‘jugársela’ y pagar hasta $ 2.000 porque piensan convertirlos en hoteles del día.

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