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Marionetas de un solo hilo

Si la vía a la costa se cerrara por alguna razón (un desastre natural, un gran accidente), los moradores del área no sabrían qué hacer para retornar a sus hogares o para salir de ellos hacia el centro de la ciudad.

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Si la vía a la costa se cerrara por alguna razón (un desastre natural, un gran accidente), los moradores del área no sabrían qué hacer para retornar a sus hogares o para salir de ellos hacia el centro de la ciudad.

Al menos esto es lo que se desprende de las respuestas de la mayoría de habitantes de la zona a quienes este Diario les planteó ese posible escenario.

Karla Torres Lange, residente de la ciudadela Puerto Azul, dijo que ella no había considerado el hecho de que la carretera es vulnerable. Si algo le llegara a suceder, no sabría qué tendría que hacer. Tampoco se le ocurre una solución.

Gladys Cobeña, madre de familia que habita en Bonanova, indica que estaba consciente de que solo una vía conecta a la urbe con su ciudadela. Pero reconoció que esto no le preocupó, hasta ahora.

Se da cuenta de que no hay forma de salir del sector si algo pasa con la vía.

“La verdad no lo había pensado y vías alternas como carretera no hay”, coincidió Katia Gálvez, residente de Bosques de la Costa. “Solo me quedaría ir a pie para llegar a mi casa”.

“Nunca lo había considerado y la verdad es que es muy preocupante”, manifestó María del Pilar Gallegos, una vecina de Puerto Azul.

Liliana de Santelices, vecina de Terranostra, dice que frente a cualquier escenario posible, lo primero que se impondría es llegar a su casa. No importa si para cumplirlo tuviese que caminar. Algo similar haría si el tema es abandonar la zona.

EXPRESO planteó esta situación a los habitantes de un sector donde existen más de 25 urbanizaciones y con una sola vía de comunicación. Un panorama que evidencia una alta vulnerabilidad.

Esta carretera, según reportes de la estación de peaje, es recorrida diariamente por 11.536 vehículos (en temporada baja). En feriados bordea los 50.000 carros.

Una situación que, a criterio del arquitecto urbanista Jorge Ordóñez, se pudo prevenir. “Dentro del plan de ordenamiento de la ciudad se ven las proyecciones de hacia dónde crecería. Si la tendencia indica que la gente va a venir a vivir a esta zona, se tiene que ver cómo se la conecta con la ciudad antes de que se complique”.

Ahora ve la situación más compleja. “No hay nada que pueda hacer la gente. En realidad no veo cómo se podría salir o entrar. Algo ayuda la vía de servicio que inicia en Puerto Azul y termina en Puerto Hondo. Más allá de eso, no veo qué más se podría hacer”, agregó Ordóñez, quien también es catedrático universitario.

Roberto Jalil, ingeniero y constructor, discrepa en parte con Ordóñez. En su opinión, por más que se pueda o deba prevenir el crecimiento de una ciudad hacia ciertas áreas, el desarrollo que se dio en la vía a la costa fue tan acelerado que sorprendió a todos.

Pero al planteársele el posible escenario de un cierre repentino, tampoco ve otra solución que salir hacia el peaje y volver por otra ruta más lejana.

Al momento, la única alternativa es tomar por la vía a la costa, continuar hasta Santa Elena y volver por Manabí. Un rodeo de al menos seis horas.

Para tratar de mitigar este problema y a la vez en previsión de las futuras obras del aeropuerto en Daular, se planea construir una arteria, de 32 kilómetros, paralela a la vía a la costa, que conectará a Guayaquil con dicha terminal aérea.

Pero esa carretera no estará lista al menos hasta el año 2022. Hasta eso, sus habitantes seguirán dependiendo de una sola vía. Y seguirán vulnerables ante un escenario que si bien no se ha dado ni es deseado, no significa que no pueda ocurrir.

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