
Lula ha defraudado
Tuve la oportunidad de conocer a Lula cuando todavía era un líder sindical. Como presidente de un instituto me invitó a una conferencia que organizaba este organismo en Sao Paulo para hablar de la corrupción y del narcotráfico. Cenamos juntos y pude da
Tuve la oportunidad de conocer a Lula cuando todavía era un líder sindical. Como presidente de un instituto me invitó a una conferencia que organizaba este organismo en Sao Paulo para hablar de la corrupción y del narcotráfico. Cenamos juntos y pude darme cuenta de su sencillez, parquedad y carisma. Los empleados del restaurante se empeñaban en atenderlo y todas las personas se acercaban a saludarlo. Años más tarde, como miembro de la delegación ecuatoriana a la Conferencia Interamericana realizada en Mar del Plata, Argentina, acompañé al presidente Palacio a una reunión bilateral con los brasileños. Lula, ya de presidente, fue bastante parco y dejó que trate los asuntos pendientes entre los dos países a su canciller: un verdadero lujo de diplomático.
Con el camino hecho. Electo presidente, Lula siguió, por lo menos en materia económica, el camino trazado por su antecesor Fernando Henrique Cardoso, además de realizar una obra social importante. Pronto, Brasil se convirtió en una potencia mundial y estuvo cerca de pertenecer al grupo de privilegio de los ocho países más poderosos del mundo, y cada vez que se proponía una reforma a la Carta de las Naciones Unidas, era un fijo candidato para ingresar al Consejo de Seguridad, como miembro permanente.
Después de ser reelecto apoyó a la candidata de su partido, que había sido su ministra. Ganó la señora Rousseff, no con la diferencia que se esperaba, pero ganó. Como el poder desgasta, tres periodos seguidos del Partido de los Trabajadores parece que han sido demasiado. Comenzaron las manifestaciones a propósito de los derroches realizados para organizar el Campeonato Mundial de Fútbol Brasil 2014. Un pueblo ‘futbolizado’ pedía alimentos y escuelas antes que estadios fabulosos que se construyeron y que nunca se llenarían. Y como las desgracias no vienen solas, la selección de fútbol de Brasil tuvo una actuación muy pobre.
Se organiza la oposición. La oposición no se ha quedado quieta: hace pocos días, en la ciudad de Sao Paulo se realizó una de las manifestaciones más grandes que recuerda la humanidad. Tres millones y medio de personas pidiendo que salga la presidenta Rousseff y que encarcelen a Lula.
Como en Brasil todo es grande, se ha destapado el mayor negociado que se recuerde. La empresa gigantesca de ese país, Petrobras, está involucrada en presuntos repartos, coimas, enormes ayudas a las campañas electorales, reparto de grandes contratos, obsequios, etc., y en todo esto está comprometido Lula y el Gobierno actual. Como todavía existen miembros del poder judicial independiente, se han seguido las investigaciones con mucha prolijidad. Como resultado, el juez federal, Sergio Moro, ha estado al punto de ordenar la detención de Lula. Sin embargo, en una maniobra que deja mucho que desear, la presidenta acaba de nombrar al exmandatario, jefe de Gabinete, lo que le garantiza la inmunidad ante las investigaciones judiciales por el escándalo de corrupción en Petrobras y ella considera que Lula, en reciprocidad, puede articular la defensa política de la jefa de Estado frente al inminente proceso de ‘impeachment’ (acusación) en el Congreso.
Aunque hasta la fecha no está muy claro si puede legalmente ejercer el ministerio, se efectuó esta maniobra para demorar el procedimiento judicial y realizar gestiones para que tome a cargo el juicio, el Supremo Tribunal Federal. La acusación consiste en haberse beneficiado del multimillonario esquema de sobornos de Petrobras y, además, que la fundación de Lula recibió donaciones ilegales y dádivas de constructores que pagaron coimas para asegurarse contratos con la petrolera estatal. A todo esto se agrega el departamento triplex en el balneario paulista Guarujá y una chacra en Atibaia, en el interior del estado de Sao Paulo.
Los cambios políticos. El ingreso de Lula al gabinete ministerial vendría acompañado de cambios en las políticas económicas del Gobierno que, desde el año pasado, han sumido al gigante sudamericano en una profunda recesión, con crecientes niveles de desempleo e inflación. Tendencias que se seguían acentuando en estos días.
Esta maniobra para salvar a Lula no ha impedido que el Congreso reasuma el ‘impeachment’ contra la presidenta Rousseff, acusada de haber hecho adulterar las cuentas públicas para esconder el déficit. La oposición se ha impuesto la iniciativa de sacar a la presidenta del poder por los medios legales, lo que significa una larga negociación de votos. No habrá golpes de Estado, se impondrán.
La posición de Lula. Para nuestro criterio, es realmente lamentable que un expresidente, quien se convirtió en uno de los líderes más destacados del mundo, tenga que recurrir a una tabla de salvación poco clara y no dar su frente a la justicia para desvirtuar las acusaciones que se le hacen. Un verdadero hombre de bien da la cara y si se considera acusado injustamente se defiende y demuestra su inocencia. Lula ha resultado un ídolo con pies de barro.
Desde ya se puede predecir que ninguno de los dos compañeros de partido puede soñar en futuras reelecciones, como ya lo tenían programado.