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Un ‘pico de pato’ controla las inundaciones en marea alta
La diferencia de este antes y después es la colocación de un sistema de control de inundaciones que comúnmente se conoce como ‘pico de pato’, pero que técnicamente se lo identifica como válvulas de retención Tideflex.

Hasta abril pasado el malestar que provocaba en determinados días el estero Salado a los vecinos de la 17 entre la P y callejón P, los vinculaba de manera directa con algunos moradores de Urdesa Central.
Cada vez que se declaraba un nuevo aguaje, existía el riesgo de que las calles aledañas a sus casas se inundaran.
Si esto coincidía con una lluvia fuerte, el panorama tendía a complicarse.
Una situación que para José Alcívar Domínguez y Óscar López Layana, habitantes de este barrio del Suburbio Oeste, es ya parte del pasado.
“El año anterior se presentaron un par de aguajes, hasta un aguaje extraordinario hubo, pero acá ni lo sentimos”, dice José. Mientras que Óscar, hace memoria y recuerda los días en los que el sector era conocido por los vecinos como la Venecia del suburbio. “El agua subía hasta por la rodilla en la calle”.
La diferencia de este antes y después es la colocación de un sistema de control de inundaciones que comúnmente se conoce como ‘pico de pato’, pero que técnicamente se lo identifica como válvulas de retención Tideflex.
El miércoles pasado lo recordó el alcalde Jaime Nebot, cuando mencionó que se estaban tomando medidas adecuadas para enfrentar los efectos de las lluvias.
Una de estas, es precisamente la instalación de válvulas especiales que no permiten el paso del agua del estero en marea alta y que facilitan el desfogue de las aguas lluvias.
El sistema es sencillo. “Sella automático del colector instalado durante la pleamar”, dice Carolina Chico, jefa de Obras de Interagua, la concesionaria encargada del servicio de agua potable y del alcantarillado sanitario. “Evita así que el flujo del Salado o del río no ingrese a las tuberías de drenaje de la ciudad”.
Es precisamente esta empresa, en coordinación con el Municipio de Guayaquil y Emapag, la que se encuentra colocando estos dispositivos.
La funcionaria asegura que desde que comenzaron a instalarse -diciembre antepasado- la ciudad vivió ya un invierno, el de 2016, con ciertos momentos de lluvias fuertes.
Lo cual puso a prueba el sistema: “No tuvimos inconvenientes en ninguno de los sectores donde se colocaron las válvulas”.
De eso da fe José Alcívar. “Hubo lluvias muy fuertes el año pasado. Acá el agua drenaba fácilmente”.
Jacinto Rivera, un exfuncionario de la Comisión Estudios para Desarrollo Cuenca Guayas (Cedege), aseguró hace poco a EXPRESO que la implementación de este tipo de sistema es una ayuda parcial, en una ciudad que está entre los 3 metros y 3,50 metros sobre el nivel del mar. Algo que la expone a que cualquier pleamar sature su sistema de alcantarillado.
“Las válvulas estarán cerradas en marea alta, por lo que cuando caiga una lluvia, encontrará los ductos vacíos. Eso será de gran ayuda”, respondió este ingeniero guayaquileño.
Entre diciembre del 2015 a marzo de este año, se habrán colocado 35 válvulas. Dos de estas se ensamblarán en puntos del sector de Cisne II -Suburbio Oeste- en marzo próximo.
Con esto, esta parte de la ciudad estará cercando 20 válvulas. El resto está distribuido entre Urdesa, seis, y en Puerto Azul, nueve.