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‘Guayaquil necesita una terapia intensiva de regeneracion’
Regresar a esta ciudad luego de unos seis años, y no ver ya, a esa urbe limpia y con sectores restaurados es inquietante; me refiero al casco central. Gira en torno al Parque Centenario, Boyacá y otras conocidas avenidas. De ninguna manera a esas nuevas urbanizaciones colaterales y elitistas que no cabe estimarlas como emblemáticas ni representativas de esta gran ciudad, desalienta asimilar el deterioro contextual de Guayaquil. Desde el séptimo piso del hotel al mirar por el amplio ventanal, se presenta un panorama sombrío de estructuras feas y tenebrosas de hormigón, culatas despintadas, llenas de oscura cochambre, fachadas descuidadas. Es incómodo así, aceptar sin ruborizarnos, aquel repetitivo calificativo de “Perla del Pacífico”.
Al caminar por la av. Nueve de Octubre, al arribar al parque Centenario, otro espectáculo deprimente, un lugar en semiabandono, salvan en algo el panorama, la belleza de árboles y monumentos, pero al mirar las edificaciones circundantes, algunas de cierta altura, deprime evidenciar el dramático grado de deterioro y descuido, se yerguen fantasmales engendros arquitectónicos venidos a menos, algunos son de estimable altura.
De pronto es hora de una urgente terapia intensiva de regeneración pero en 360 grados. Eso ya lo han asumido con éxito ciudades como Madrid, París, Medellín. Por añadidura, se crearía esas ansiadas plazas de trabajo para tanto compatriota atormentado por la desocupación.
Augusto Osorio Madera