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‘Espacio en Blanco’ revivio un legado ancestral en Canar
Vestidos de blanco y con la guía de su Taita, el peruano Santiago Quishpi, el grupo multicultural ‘Espacio en Blanco’ fue el protagonista del agradecimiento y pedido de bendiciones al Inti (dios Sol), durante la ceremonia del Inti Raymi cumplida la mañ

Vestidos de blanco y con la guía de su Taita, el peruano Santiago Quishpi, el grupo multicultural ‘Espacio en Blanco’ fue el protagonista del agradecimiento y pedido de bendiciones al Inti (dios Sol), durante la ceremonia del Inti Raymi cumplida la mañana del sábado junto al Complejo Arqueológico de Ingapirca en Cañar.
Previo al ritual, la noche del viernes hubo la elección de la Ñusta, título que recayó en la joven de 20 años, María Dolores Zaruma, representante del barrio Sisid, reina nativa que en la antigüedad simbolizaba la conexión del ser humano con los elementos sagrados.
El acto galante se realizó en medio de un festival de danzas folclóricas a cargo de grupos de la zona andina del Ecuador, Amazonía peruana, Colombia y Bolivia.
Al día siguiente, sábado, fue el Taita Santiago con el atuendo del Tasche, Indio quechua del Cuzco-Perú, que junto a sus 7 compañeros vestidos de blanco y formando un circulo, invocaron a los Áyas, (energía sagrada de los ancestros) para pedir que les ilumine e iniciar el ritual del Inti Raymi bajo un esplendoroso sol y ante la presencia de un público escaso.
El hombre lucía un chullo (gorra de colores), una camisa blanca (de bayeta), un poncho, un chumpi (faja multicolor) y unas ojotas (sandalias) y en la cabecera norte del altar que lo conformaba una ‘Pachamanca’ (olla del universo); llena de productos frescos, salidos del interior de la Pachamama (tierra) y una ‘chacana’ (cruz andina) silueteada con flores y frutos cosechados gracias a la bondad del dios Sol.
Con el fondo de la canción ‘El cóndor pasa’; de la quipa, del bombo, del pingullo; con los brazos alzados con dirección hacia la posición del sol, los participantes del ceremonial se conectaron con el Sol y la Pachamama. “Esta conexión con el Inti, es regresar a nuestro yo interno, volver la vista a nuestra verdadera sustancia, reconocer que la Pachamama nos cobija, que junto al sol dan la vida y aliento, es reconocerse como parte de un mismo cosmo, como hermanos todos”, expresó el Taita Santiago mientras soplaba alcohol, quemaba palo santo, hojas de coca y fumaba un cigarrillo blanco.
Hizo una limpia a quienes participaron del ritual, que fue una mezcla del legado dejado no solo por los antiguos pobladores de la región andina, sino de Latinoamérica.
Es un colectivo de ocho personas que por alrededor de diez años recorren Latinoamérica difundiendo los saberes ancestrales dentro de un proceso intercultural que se basa en las investigaciones sobre las culturas prehispánicas de México, Perú, Bolivia, Colombia y Ecuador. Los conforman los peruanos Mario, Iván, Paola Sosa y Santiago Quishpi; la mexicana María Susana, los colombianos Carolina Orrego y Mauro Muleiro; y la ecuatoriana Sandra Esmeralda.
Dijeron que su objetivo es incentivar a los pueblos a abrirse a la cultura del mundo, moldear la interculturalidad a través del conocimiento y los saberes dejados por los antepasados como una forma de conexión con el mundo. “Para nosotros el tiempo no existe, somos energía dentro de un cuerpo, este cuerpo algún día desaparecerá; pero la energía seguirá viva”, expresó la mexicana María como estableciendo que dentro de su cultura hay el pensamiento de la reencarnación. (F)