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Legalizacion del aborto: permiso para matar
Con motivo del proyecto de ley que se está tramitando en la Asamblea referente al aborto por violación y otras causas, me voy a permitir hacer algunas reflexiones. Es absolutamente inadmisible que a una niña o adulta después de haber pasado por el horror de ser violada, generalmente durante un tiempo prolongado, tenga que vivir, además, con el horror de haber asesinado a su propio hijo. La secuela psicológica de la violación permanece para siempre, en mayor o menor grado, a lo que se suma el asesinato de su hijo. Una solución muy factible, siempre y cuando sea correctamente manejada, sería dar su niño en adopción, en caso de no desear quedarse con él. Tratar de bajar al mínimo posible la violación sistemática por hombres del entorno de las niñas y adultas, requiere un tiempo muy largo. Hay que identificar las causas de este flagelo, entre las que se encuentran principalmente la vivienda, que en la mayoría de casos constituye de una sola habitación, propiciando la promiscuidad. Otros factores son el consumo de alcohol y drogas. A esto se añade desde hace mucho tiempo la falta de educación en valores, algo olvidado tanto en las familias como en los centros educativos, pues deben ir de la mano para formar personas de bien. Esta falta de valores llega al extremo de que las madres de algunas niñas violadas, defienden y solapan a sus parientes y parejas violadores, a sabiendas del delito cometido.
Los abortistas, también apoyados por mujeres y hombres sin conciencia, proclaman motivos sin sustento para tratar de obtener la legalización del aborto (asesinato) por varias circunstancias. Una de ellas es que las mujeres somos dueñas de nuestros cuerpos y decidimos qué hacer con él. Todo lo contrario, somos urnas creadoras de vida de nuestros hijos, llamadas a protegerlos y cuidarlos para que venga al mundo de la mejor manera, a ser amados, cuidados, protegidos, formados y educados. La ciencia ha demostrado que una vez realizada la concepción, el óvulo y el espermatozoide han creado a una persona viva, que crece y se desarrolla. Los abortistas proclaman que no es así en las primeras etapas del embarazo para sostener lo insostenible.
El aborto es un negocio; con el cuento de que defienden los derechos de las mujeres, las convencen de que la solución al problema del embarazo no deseado es el aborto. Los verdaderos derechos de las mujeres son, principalmente, que nos respeten y valoren en todos los ámbitos: familiar, social y laboral.
Margarita Illingworth
de Becerra