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“Padres de la Patria”
Recuerdo que ese era el calificativo que se daba a los legisladores cuando tal poder del Estado, que ahora se llama Asamblea (y se la puede confundir, por ende, con la Constituyente) se denominaba Congreso, y a sus integrantes se los conocía como diputados. Pero como vivimos en un país donde se piensa que con el simple cambio de denominaciones se cambia la sustancia y el fondo de las cosas (cuántas instituciones han pasado por infinidad de siglas que todo lo confunden), de seguro que la Asamblea de ahora dentro de pocos años pasará a tener otro nombre o, a lo mejor, vuelva a llamarse Congreso, como se estila en la mayoría de los países. Congresos en los que hay, además, una división entre los senadores (funcionales y nacionales) que pertenecen a la “cámara alta o senecta” y los diputados propiamente dichos.
Y luego de esta reflexión, para referirnos a otro de los absurdos de la patria, nos metemos en la política partidaria que está en plena ebullición a seis meses de realizarse los comicios en que se elegirán a los dignatarios de los poderes Ejecutivo y Legislativo, esto es, al presidente y vicepresidente de la República y a los asambleístas nacionales y provinciales. En un artículo pasado nos referimos a cómo mismo anda la situación en cuanto a candidaturas ejecutivas y ahora es no solo preocupación nuestra sino, sobre todo, de quienes han “pactado” (con la excepción del oficialismo, por supuesto, aunque deben también estar buscando por allí nuevos socios) para formar movimientos que traten de impedir el continuismo de la revolución ciudadana. Y se comienza a discutir casa adentro quiénes deben ser los escogidos para formar las listas legislativas, partiendo de intereses, posibilidades y carismas localistas y nacionales. Y a los que se queden fuera de esta “escogencia”, porque no para todos hay, se les palanquearán colocaciones en las listas para los organismos seccionales de las elecciones del 2019. Y, los más ambiciosos, a prepararse para ser alcaldes o prefectos.
Ya comenzarán, pues, “a fajarse” para meterse como sea en las listas. Y se espera que el “método D´Hondt”, aún vigente, no arme otra “aplanadora” como la que viene funcionando en la legislatura.
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