Actualidad
El interes nacional ante todo
La política exterior es un tema de suma delicadeza en la conducción de un Estado. Llevarla a cabo de manera conveniente significa posponer cualquier adhesión ideológica y cualquier simpatía personal, ante los intereses de la nación. Estos constituyen el referente fundamental para que un presidente de la República ejerza, de manera seria y apropiada, la representación de su respectiva sociedad. Varios países de América Latina afrontan situaciones complicadas y difíciles, producto de gestiones gubernamentales sumamente controvertidas. En ellos se operan cambios a partir de la sustitución de sus mandos o de la sucesión presidencial. El estado en que han quedado esos países ha forzado a los nuevos mandatarios a tomar medidas drásticas para reorientar las economías que se desenvuelven en escenarios deplorables debido a las desatinadas gestiones precedentes, y para recuperar los fundamentos institucionales en lo político y jurídico, y poner en claro las responsabilidades en la administración de los recursos públicos. Ante esas circunstancias es menester proceder con sumo cuidado, a fin de que no se alteren los nexos internacionales y se mantengan las condiciones que hacen factible el funcionamiento de nuestra economía y la necesaria cohesión entre naciones de similares características frente a los más grandes, desarrollados y poderosos. La realidad mundial actual exige, por sobre todas las cosas, seriedad, equilibrio y pragmatismo. Seriedad, a fin de no confundir los postulados nacionales de identidad con las retóricas momentáneas y superficiales; equilibrio, para comprender que cualquier planteamiento equivocado podría conducir a dificultades que devendrían en efectos nocivos para nuestro rol como país en los diversos ámbitos; y pragmatismo, para asentar la imagen del país en la fortaleza y el reconocimiento que devienen de la convicción y decisión para que opere la unidad regional y se haga posible la siempre indispensable y necesaria integración. Esto nos lleva a plantearnos si es o no conveniente que nuestro país condecore a una expresidente, la reciba con exagerados honores y la ubique en la galería latinoamericana de la heroicidad, pese a que su ejercicio al mando de su Gobierno está siendo seriamente cuestionado por una opinión pública creciente y por la acción de una justicia que encuentra, a cada paso, múltiples razones fundamentadas para inculpar y sancionar a todo un núcleo de poder que ha sido rechazado y vencido en las urnas.